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De
conformidad con el objetivo educativo del curso -CULTURA SÍ,
EDUCACIÓN TAMBIÉN-,
presentamos algunas de las conductas sobre las que hay que
prestar, en este curso, atención especial para que realmente
mejoren educativamente. Somos conscientes que se trata de
conductas que para muchos están "pasadas de moda" y, de ahí, que
la educación suponga "nadar contra corriente". A pesar de las
dificultades, pensamos que hay modales conductuales que han de
permanecer, porque dignifican el trato, la convivencia y la
propia dignidad personal. Por ello, no tenemos reparo en luchar
por una convivencia más respetuosa y una conducta más educada.
Si acentuamos éstas, no significa que para nosotros sean las
fundamentales y las esenciales en una educación integral. Las
subrayamos porque están muy deterioradas y responden al objetivo
del curso
1. Educación en la escucha y
corrección de los educadores.
Se está
dando en algunos alumnos un fenómeno, en cierto sentido, grave,
esto es: la falta de atención y de escucha a las reflexiones o
correcciones que les hacen los educadores, rayando, a veces, en
falta de respeto y algo más.. Esta
conducta se da también en el hogar. Ante esta forma de actuar,
no caben contemplaciones: exigir con rotundidad que presten la
atención debida. Si la conducta cristalizara en desobediencia o
en actitud despectiva, el educador debe aplicar el ROF
2.
Educación en el vocabulario.
Los
hábitos adquiridos por muchos jóvenes en cuanto al vocabulario
están muy lejos de lo que es una conducta "educada". A veces,
dada la agresiva que conlleva, son conductas contra la
convivencia. Es urgente, pues, trabajar educativamente contra
toda expresión irrespetuosa, soez, malsonante, ofensiva…
3.
Educación en la forma de hablar.
Independientemente del vocabulario, hay formas de hablar que no
respetan la diferencia de lugar –lo mismo es el aula que el
recreo- ni de las personas con quienes trata -menor, igual,
mayor o anciano-. En este sentido, hay que dirigir el esfuerzo
educativo en corregir, sobre todo en el interior de la casa, los
gritos, voces en las llamadas de unos alumnos a otros,
corrección al dirigirse a las personas, sobre todo, mayores.
4.
Educación en las dependencias del Colegio.
Es normal
que, dados los grandes espacios del Colegio, éstos inviten,
sobre todo a los niños, a convertir los pasillos en campo
abierto: carreras y empujones, o lugar para pasear comiendo
bocadillo, o salir en pantalón de deportes,
etc.. Para saber distinguir, hay que educar para que en
el interior de la casa se esté con la corrección debida:
caminar, no correr; pasar, no convertir el pasillo en espacio de
recreo, etc.
5.
Educación en los momentos y lugares religiosos.
La
incultura religiosa es un mal endémico de nuestro pueblo, a
pesar de la formación religiosa recibida. Esa incultura se
manifiesta, entre otras, en la forma de entrar, de estar o de
salir del templo; en la incapacidad de guardar el más mínimo
silencio durante el culto; en la falta de participación en la
celebración que se realice; en el modo de hacer la señal de la
cruz, que más parece un garabato que un signo cristiano; etc. Y
no se trata de ser más religioso o menos, sino de ser más o
menos educado. Nuestra condición de centro cristiano nos obliga
con más razón a educar en este sentido.
6.
Educación en la forma de estar en clase, salón de actos, etc.
Tanto el
aula de clase como las aulas mayores –Aula Magna, Aula Mayor,
Salón de Actos- son espacios de trabajo en los que se imparten
las clases, se dan las conferencias, se ofrecen actos
académicos, etc. El gran grupo invita a perderse en el anonimato
y facilita cierto gamberrismo. El "saber estar" –sentarse
correctamente sin colocar los pies en los asientos delanteros,
respetar el mobiliario y no pintarlos o rayarlo, aplaudir o
reír, cuando proceda, no es silbar, ni abuchear, ni gritar, etc.
Trabajar este sentido es básico.
7.
Educación al pedir o recibir favores.
¿Por qué
olvidar o abandonar las formas y costumbres inveteradas de pedir
las cosas "por favor" o "dar las gracias", cuando se recibe
algún favor? Estas formas educadas, tanto al pedir como al
recibir "favores", no tienen edad: lo mismo es una exigencia de
mayores que de pequeños, de ricos que de pobres, de chicos que
de chicas…Son formas de personas educadas. Trabajemos por ello.
8.
Saludos y despedidas en clave religiosa.
Al igual
que las expresiones "por favor", "gracias", existen modales
tradicionales, pero que son siempre de actualidad, si el
espíritu que prima en la persona es religioso, por ejemplo:
"Hasta mañana si Dios quiere", "Dios mediante", "Buenos días nos
de Dios", etc. Esta costumbre no ofende ni molesta a quienes no
son ni creyentes, porque saben que son modos de expresión de una
cultura que está toda ella envuelta en sentido religioso.
Procuremos educar estas conductas en los alumnos ejerciéndolas,
en primer lugar, los educadores y los padres.
9.
Actitud de servicio para los más necesitados.
En última
instancia, la "educación" es una forma de relación con los demás
y de construir la convivencia. Ahora bien, esta educación es más
urgente y necesaria cuando se trata de "ayudar a los más
necesitados", a los más débiles, a los más indefensos. En este
sentido, la "educación" alcanza la categoría de "virtud". Aunque
no sea frecuente, en una gran masa de gente, como es un colegio,
pueden aflorar conductas que se ensañan con quienes necesitan
mayor apoyo humano. En estos posibles casos, la tarea educativa
ha de ser exigente sin contemplación alguna.
10.
Educación en el orden y limpieza en el aula y patio de recreo.
En el
Colegio, la campaña por la limpieza viene siendo una realidad
desde hace años, sobre todo, en cuanto a mantener limpios de
papeles y otras basuras tanto las aulas como los espacios de
recreo. ¿Tan difícil es acostumbrarse al uso de las papeleras?
Pues hay que seguir, porque la educación es también civismo.
11.
Educación en el uso de las cosas y mobiliario.
El
cuidado con el mobiliario se justifica sobradamente por razón
económica: un colegio no puede renovar con frecuencia bancas,
sillas, paredes, puertas, etc. Sin embargo, siendo ésta una
razón válida, lo más importante es crear actitudes de respecto
hacia las "cosas", porque en ellas se reflejan la
responsabilidad, el buen estilo, el sentido de estética, la toma
de conciencia de lo que es el "bien común", etc. Muchos de los
desperfectos que se observan no son por "uso" o "descuido", sino
por "gamberrada", es decir, por falta de educación.
12.
Higiene y estética en el vestir.
El vestir
de los jóvenes responde a los cánones de la moda. Es
comprensible y justificable. Sin embargo, al ámbito educativo le
corresponde discernir si se falta a la estética, al decoro, a la
higiene, según los valores y principios que rigen un centro
educativo. Esta toma de conciencia también es objeto de
educación, porque la misma sociedad y el mundo de trabajo
imponen sus normas de estética, independientemente de las modas.
El alumno, pues, ha de saber distinguir la forma de vestir,
propia de una actividad académica en una centro con sus propias
normas, de la que pueda ser válida en la calle, en la fiesta,
etc.
Dice
SIUROT a los educadores:
"Por
Dios, que no perdáis de vista que la instrucción debe requerir
vuestros cuidados, pero no olvidéis un instante que si la
instrucción es un procedimiento, una herramienta para trabajar
en la vida, la educación es más que procedimiento, es sustancia,
es la vida misma"
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