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Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Congregación del Santísimo Redentor

salud  ıllı Congregación del Santísimo Redentor 


Antecedentes (mil setecientos treinta-mil setecientos treinta y dos)

Luego de una fuerte epidemia en Nápoles, y de una seguidilla de misiones con la Sociedad de las Misiones Apostólicas, Alfonso padece serios problemas de salud: abscesos pulmonares, úlceras y otras lo que hace temer por su vida. Lo persuaden entonces de tomarse un tiempo para recobrarse, de forma conjunta con un conjunto de sacerdotes de las Capillas Vespertinas: José Panza, Juan Mazzini, Vicente Mannarini, José Jorio y José Pórpora, en mayo de mil setecientos treinta. Después de un viaje por mar llegan a Amalfi, y ahí charlan con el vicario de la Diócesis de Scala, don Mateo Ángel Críscuolo, de paso por allá. Los invita a ir a santa María dei Monti, arriba de Scala, a una ermita, dónde podrían asistir a los cabreros abandonados y les da todas y cada una de las facultades.

Al llegar, dejan en la Capilla el Muy santo Sacramento y al poco tiempo se ven rodeados de los pastores y cabreros del sitio. Se dedicaron a confesar y evangelizar, se aproximó bastante gente y las vacaciones se acabaron transformando en una misión continua.

El once de junio de mil setecientos treinta Alfonso predica en la catedral de Scala para la celebración de Corpus, maravillando a la gente. El prelados le solicita que vaya hasta las Visitandinas del Conservatorio de la Concepción, a doscientos metros de allá, en tanto que las monjas le habían pedido una conferencia. Allá vivía una religiosa soñadora, ex- carmelita, llamada María Celeste Crostarosa, que el P. Falcoia había mandado allá con 2 de sus hermanas. Esta religiosa aseveraba haber tenido una revelación sobre la fundación de un nuevo instituto. Por entonces Alfonso no la fue a ver, en tanto que el P. Pagano le había prohibido entremezclarse en esos temas. No obstante, promete regresar en el mes de septiembre. Entonces sube de nuevo a Sta María dei Monti y el diecinueve ya está de nuevo en Nápoles. Pasa julio y agosto en Nápoles, con sus ocupaciones frecuentes (cuarenta horas, Capillas del Atardecer, la iglesia de los Chinos). No podía dejar de rememorar a los campesinos de Sta María dei Monti y suplicaba a Dios que mandara alguien que los atendiese.

Vuelve en el mes de septiembre a Scala para la novena del Cristo en la Catedral y los ejercicios espirituales para las monjas. María Celeste, conforme cuenta el biógrafo Tannoia, tiene una nueva visión en el mes de octubre de mil setecientos treinta y uno, dónde ve una nueva congregación de sacerdotes empeñada en auxiliar a las ánimas descuidadas en aldeas y caseríos y, entre ellos, a Alfonso que los conducía. Celeste le cuenta todo a Alfonso, que queda perplejo, puesto que la inquietud ya estaba en su corazón. No obstante, desdeñó la visión y trataba a la monja como desquiciada y entusiasta. No obstante, la monja no se rendía. Mazzini se puso de una parte de la monja. Alfonso consulta a monseñor santoro (en esto se confunde Tannoia, puesto que este no es aún el prelados de Scala) y monseñor Falcoia (últimamente escogido prelados de Castellamare), que después de examinar el tema afirman que las visiones son fiables. No obstante, Alfonso prefiere ajustarse al consejo de su directivo espiritual, el padre Pagano.

Otra versión sobre el tema es la que aparece en las actas del proceso de canonización de Alfonso Tomamos asimismo (aparte de Tannoia) los testimonios de Juan Mazzini, Domingo Corsano, Gaspar Caione, Andrés Villani y Celeste Crostarosa. entre otros testigos. Caione, testigo singular por su competencia como doctor en derecho y también historiador, cuenta lo que escuchó de manera directa de Alfonso. Afirma que en sus «vacaciones» en santa María dei Monti fue cuando decidió dedicarse a la atención de la gente pobre y descuidada del campo y de esta manera lo comunicó a los otros compañeros. Bajó a Nápoles con esa resolución para preguntar con su directivo, el padre Pagano, y otras personas reconocidas por su santidad y doctrina. Apenas mienta a María Celeste, en otro testimonio.

Villani, que ocupó múltiples cargos en la Congregación y lo sustituyó como Rector Mayor, afirma que recibe la inspiración para fundar en su viaje a Sta María, en Nápoles recibe el Consejo conveniente de sacerdotes y Obispos de probado discernimiento, y decide la fundación. Villani tampoco habla de María Celeste. El P. Domingo Corsano mienta a María Celeste en su segunda declaración, sin charlar de visiones mas si hablando de la repercusión que tuvo sobre Alfonso para la fundación.

María Celeste Crostarosa (mil seiscientos noventa y seis-1755; bautizada con el nombre de Julia) cuenta en su Autobiografía que entró en el Carmelo de Marigliano en mil setecientos dieciocho y que la prosiguieron 2 de sus hermanas. El Carmelo debió cerrar en mil setecientos veintitres y el P. Tomás Falcoia la manda de manera conjunta con sus hermanas a las Visitandinas de Scala. Habla de sus primeras visiones en el mes de abril de mil setecientos veintinueve, primero de la fundación del instituto y después de las reglas, basadas en la imitación de Cristo (vida y virtudes), aun en su hábito. Frente a la oposición de la Superiora y de los Píos Obreros (la Congregación de Falcoia), deciden enviar de árbitro a Alfonso en el mes de septiembre de mil setecientos treinta, quien primero se manifiesta incrédulo y después se pone en favor de la nueva fundación. Después de preguntar al prelados, da inicio el nuevo instituto el día de Pentecostés de mil setecientos treinta y uno (históricamente, el Instituto comenzó el trece de mayo de mil setecientos treinta y uno). Falcoia le quita las reglas y constituciones a Celeste, que las vuelve a redactar íntegramente. Celeste habla de las primeras visiones sobre el nuevo instituto masculino el dos y tres de octubre de 1731(celebración de la ciudad de San Francisco), con la misión de ir y predicar el Evangelio, con exactamente el mismo modo de vida de Cristo y exactamente el mismo hábito de la congregación femenina, en la pobreza apostólica y con diferentes disposiciones sobre el manejo de los recursos, los viajes. Además de esto, habría un conjunto en todos y cada comunidad únicamente dedicado a la vida eremítica y contemplativa, que irían a las misiones cuando lo deseasen (Alfonso jamás va a permitir esto último).

María Celeste adjudica a monseñor Falcoia la inspiración primordial en la fundación del Instituto, y afirma que cuando le comunicó a Alfonso su revelación Alfonso se alegró mucho. Al contrario, el P. Juan Mazzini, amiguísimo de Alfonso y testigo de esos sucesos, afirma que el diálogo con María Celeste provocó mucha tristeza en San Alfonso y turbación, puesto que esto suponía un cambio muy grande.

Fundación de la congregación (mil setecientos treinta y dos)

El encuentro de Alfonso con los pastores de santa María dei Monti, en un abandono mayor que la gente que servía en los bajos fondos de Nápoles, marca un punto sin retorno en su vida, pasando a un segundo plano sus proyectos de ir a China y su trabajo en las Capillas del Atardecer y las Misiones Apostólicas.

Esta inquietud lo hace rezar y m, pidiendo oración a bastante gente. Asimismo a las hermanas del monasterio de Scala, a quien predica los ejercicios espirituales. Un par de semanas tras los ejercicios suceden las visiones de María Celeste.

La idea misionera en Celeste no brota de una experiencia de vida, ni los abandonados figuran en su inspiración. Lo propio brota de fuentes literarias, en especial de los orígenes franciscanos y se refiere a una espiritualidad a ser vivida por una comunidad.

En cambio, la preocupación inicial de San Alfonso no es una idea sino más bien la pretensión de formar un conjunto misionero. No desea imponer o bien realizar una espiritualidad, eso brotará tras la vida y la misión de la comunidad. Lo que le importa es reunir una comunidad para servir a los más abandonados. Los 2 que aparecen perjudicados al estrellato son Crostarosa y Falcoia. Alfonso continúa, de momento, aparte. Solo más adelante, cuando sea preciso, va a hacer servir su papel como jefe y portador de la experiencia creadora del conjunto.

Monseñor Falcoia (prelados de Castellammare di Stabia desde octubre de mil setecientos treinta) deseaba fundar una congregación de misioneros para imitar las virtudes de Jesucristo. El solicitó a Alfonso que verificara la veracidad de las revelaciones de María Celeste sobre el nuevo Instituto de monjas. Conforme César Sportelli, que escribe como novicio de la Congregación en mil setecientos treinta y tres, esto una parte de una visión que tuvo a riberas del Tiber en mil setecientos diez. En mil setecientos treinta y uno está apurado por comenzar esta Congregación. En cambio, Alfonso precisa m los pasos a continuar con serenidad, puesto que implica un cambio realmente fuerte para él.

Según los testigos, la inspiración original del Instituto es de Alfonso, y brota en el encuentro con los pastores de Scala y de su experiencia en las Misiones Apostólicas. Alfonso y Celeste son amiguísimos. Entre octubre de mil setecientos treinta y fines de mil setecientos treinta y dos Celeste escribe quince cartas a Alfonso. En el mes de octubre de mil setecientos treinta y uno ocurren las revelaciones de Celeste sobre el nuevo instituto de misioneros, y en el mes de noviembre Alfonso dialoga con ella y con monseñor Falcoia. Alfonso duda en fundar, Celeste y Falcoia lo presionan.

Al regresar a Nápoles, Alfonso empieza un duro discernimiento, se siente inútil de algo tan grande. Su directivo espiritual, padre Pagano, entonces de múltiples días de reflexión, le afirma que la obra es de Dios, mas lo manda a preguntar a otros (Cutica, vicentino y Manulio, jesuita). Estos coinciden con la opinión de Pagano. Toma entonces la resolución de dejar Nápoles para vivir entre los pobres y abandonados del campo. El Instituto de los Chinos y la sociedad de las Misiones Apostólicas (su directivo, Torni, y el tío de Alfonso, Gizzio) se le ponen en contra, lo acusan de ido y de continuar “las fantasías de una monja”. Alfonso se defiende: “no me guio por visiones sino más bien por el evangelio”.

Su tío Gizzio lo manda a preguntar a su directivo espiritual, el P. Fiorillo, dominico. Tras ciertos días, este aprueba la obra mas le impone silencio respecto de su dictamen, salvo en frente de ciertos ya iniciados en el tema (no deseaba jugarse, entonces le va a prohibir ir a verlo). Esto causa que Torni y Gizzio cambien de opinión y lo apoyen.

Alfonso cree en las revelaciones de Celeste, mas no se fundamenta en ellas, y sabe que si se propaga esa idea, traería menosprecio a su persona y al Instituto por fundarse. En Cuaresma Alfonso misiona en la Capital y en mayo en Caiazzo, donde el prelados le solicita una fundación de una casa del nuevo instituto (se va a hacer en mil setecientos treinta y cuatro). Múltiples de sus compañeros posibles tenían inconvenientes para incorporarse. Mannarini es expulsado del Instituto de los Chinos y Alfonso asimismo se marcha, si bien prosigue sirviendo en la Iglesia. Fiorillo y Pagano le mandan ponerse bajo la dirección espiritual de Falcoia. Del dieciseis al veintitres de octubre de mil setecientos treinta y dos predica el retiro al clero de la capital, con buena concurrencia. Del veinticinco de octubre al dos de noviembre participa de la misión anual de la Iglesia del Espíritu santo. Ahí se halla con su padre, que al enterarse de su próxima partida lo quiere retener.

Entre el dos y tres de noviembre Alfonso deja Nápoles cara Scala en un burro, con Sportelli y Juan Mazzini. En Scala lo aguardan monseñor Falcoia, Vicente Mannarini, Juan Bautista Di Donato, Silvestre Tósquez y Pedro Romano. Se alojan en la hospedería del monasterio, muy apretados. Del cuatro al nueve viven días de profunda preparación espiritual. Los días seis, siete y ocho se efectúa un triduo eucarístico en la Iglesia del monasterio. Ahí ven en la santa Hostia lo que va a ser el escudo de la C.Ss.R. (Suplicio, instrumentos de la Pasión, nubes, luces, etcétera), verificado por los veintidos testigos.

El nueve de noviembre, después de una larga meditación, Alfonso de Liguori, Pedro Romano, Juan Bautista Di Donato, Vicente Mannarini y Silvestre Tósquez cantan la misa del Espíritu santo, festejada por monseñor Falcoia, y un Tedeum de Acción de Gracias. Nace la Congregación del Muy santo Salvador (en mil setecientos cuarenta y nueve, del Muy santo Salvador). Ese día se festeja la celebración de la Dedicación de la Basílica del Muy santo Salvador, llamada San Juan de Letrán por sus 2 patronos, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Sportelli volvió enseguida a Nápoles por negocios. Mazzini no puede quedarse, se lo había prohibido su directivo espiritual. El dieciocho de noviembre llega Vito Curzio.


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