Portal sobre Colegios Diocesanos y Religiosos (2018-2019)

COLEGIOS DIOCESANOS Y RELIGIOSOS: HISTORIA, FUNDADORES, EQUIPOS DIRECTIVOS, PROFESORADO, ALUMNOS, PADRES Y ACTIVIDADES

Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Franciscanos conventuales

salud  ıllı Franciscanos conventuales 


La Orden de Monjes Menores Conventuales (oficialmente en latín: Ordo Fratrum Minorum S. Francisci Conventualium) es una orden religiosa católicamendicante, masculina, de derecho pontificio y perteneciente a la Primera Orden de la ciudad de San Francisco, fundados en mil doscientos nueve por Francisco de Agarráis. A los religiosos de este instituto se les conoce como monjes menores conventuales o bien hermanos menores conventuales o bien franciscanos menores conventuales, en latín, Ordo Fratum Minorum Conventualium (abreviado OFMConv) o bien, sencillamente como, franciscanos conventuales. Por su histórica difusión en numerosos países del planeta, asimismo son conocidos por diferentes nombres: Minoriti (en Italia), Minoriten (en Alemania), Fratri Grigi (países anglófonos), Cordelier (en Francia). 

La Orden de los Hermanos Menores Conventuales fue fundada por Francisco de Agarráis con el nombre de hermanos menores, en mil doscientos nueve. Prácticamente desde sus comienzos, se agregó la denominación de conventuales. De ella brota una grande reforma: la Orden de Hermanos Menores de la Observancia; conocidos el día de hoy sencillamente con el nombre de hermanos menores o bien franciscanos observantes. De esta última brotó la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.

Según la tradición conventual «los Franciscanos Conventuales son el leño original de la Orden, del que afloraron las diferentes reformas». Para confirmar este dato histórico se fundamentan en el hecho de que, el cinco de abril de mil doscientos cincuenta, el papa Inocencio IV al loar la manera de vida de los menores, tuteló sus iglesias con el nombre de conventuales, concediéndoles exactamente la misma prerrogativa que las iglesias colegiatas. No obstante, la Orden conventual no recibió tal denominación sino más bien hasta la segunda mitad del siglo XIV, para distinguirlos de quienes se retiraban en los eremitorios, en pos de una mejor "observancia" de la Regla.

Hacia el siglo XV se empezaron en la Iglesia católica muchos movimientos de reformas, los franciscanos observantes aceptaron las reformas de la Orden Franciscana, estableciéndose en diferentes órdenes autónomas, bajo la autoridad de un mismo ministro general, fracturando la unidad de la Orden y poniendo distancias poco a poco más inseparables entres observantes y conventuales. Esta distancia acabó en una separación terminante, el veintinueve de mayo de mil quinientos diecisiete, cuando el papa León X, con la bula Ite vos in vineam meam, decidió la corporación de 2 órdenes religiosas, bajo 2 gobiernos generales. Desde esa data la historia de los 2 conjuntos toma diferentes horizontes. Dentro de la conventualidad, a lo largo del siglo XVI, nació un conjunto reformador llamados conventuales rehabilitados que procuraban un acercamiento a la orden observante. Entre mil quinientos sesenta y seis y mil quinientos sesenta y siete los conventuales rehabilitados de España acabaron por unirse con los observantes, y la Orden conventual fue suprimida y sus conventos anexionados a la observancia. Mientras, en Italia, apoyados por el papa Sixto V, sostuvieron la autonomía, si bien con determinado rechazo a lo largo del siglo XVII.

Fue el papa Urbano VIII quien puso fin a las persecuciones contra los conventuales. El conventualismo consiguió formar una identidad bajo este pontificado, por eso las Constituciones de mil seiscientos veintiocho lleven el nombre de Constituciones Urbanae y que dejaron un proceso de expansión de la rama por todos lados del planeta.

El siglo XVIII se presenta como el tiempo de las supresiones de las órdenes religiosas, para los franciscanos conventuales va a significar la pérdida de sus conventos en Francia, a lo largo de la Revolución. A esto le proseguirán las supresiones en España con la exclaustración de mil ochocientos treinta y siete. Lo mismo que en Brasil y Portugal. En el resto países quedaba una presencia fugaz que se iba consumiendo. Razón por la que, a lo largo del siglo XIX se vio la necesidad de empezar nuevamente. A este periodo, paralelo al de la historia de la Iglesia, se le llama restauración, que portó a los conventuales a expandir su orden religiosa por los 5 continentes.

La Orden de los Hermanos Menores Conventuales es un instituto religioso de derecho pontificio centralizado, cuyo gobierno recae sobre la persona de un superior general, conocido con el título de Ministro General. La sede central o bien curia general se halla en la Basílica de los santos Apóstoles en la ciudad de Roma.

Todos los miembros de la Orden tienen exactamente los mismos derechos y deberes, excepto los que derivan del orden sagrado, en tanto que la Orden ha sido incluida por la Iglesia entre los institutos clericales. Francisco deseó que sus hermanos se llamaran menores a fin de que de esa manera sean signo de la humildad de Jesucristo.

Los hermanos se forman en hermandad conventual propiamente dicha, con la intención de, conforme sus principios religiosos, promover mejor la devoción, la vida ordenada, el oficio divino solemne, la capacitación de los aspirantes, el estudio de la teología y otras obras de apostolado al servicio de la Iglesia de Dios, para de este modo extender el reino de Cristo por todo el planeta, en especial bajo la guía de la Inmaculada. Los monjes menores conventuales defendieron la doctrina de la Inmaculada Concepción, aun, antes que fuera proclamado por la Iglesia católica como dogma. Por esto, la Orden franciscana tiene a la Inmaculada Concepción por Reina y Patrona.

Los monjes menores conventuales están desperdigadas por todos y cada uno de los continentes y son los que han cuidado y protegido desde el principio la Basílica y el Sagrado Convento de Agarráis (donde se preservan y adoran los restos de san Francisco y ciertos de sus compañeros), la Basílica de san Antonio, en Padua, y desde mil quinientos han atendido la Penitenciaría apostólica, órgano que se hace cargo de regular los diferentes aspectos del servicio del sacramento de la reconciliación en la Curia Romana.

En dos mil quince, los hermanos menores conventuales eran cuatro mil doscientos noventa y cuatro, de los que dos mil novecientos treinta sacerdotes, distribuidos en seiscientos treinta y cuatro comunidades, presentes en sesenta y cinco países de los 5 continentes.

Un joven franciscano conventual con el hábito tradicional de la orden.

El pilar del carisma franciscano conventual, que tiene como fundamento la Regla de san Francisco, se encuentra en 3 dimensiones esenciales para el instituto: la minoridad, la conventualidad y la hermandad. Su Espiritualidad aflora de la triple experiencia cristocéntrica: Cristo Pobre en el pesebre, en la Hostia y en la Cruz (Encarnación, Eucaristía y Muerte y Resurrección).

Basados en este carisma y espiritualidad, los franciscanos conventuales están comprometidos con una gama variada de actividades apostólicas, que son expresión de su vocación y misión en la Iglesia. En el mundo entero atienden cientos de iglesias y diecinueve basílicas, las más viejas de la Orden, construidas entre los siglos XIII y XIV, centros de educación y de acogida, comedores y capellanías de centros de salud. La Curia general tiene su sede en el convento de los santos XII Apóstoles de la ciudad de Roma (donde se preservan los sepulcros de los Apóstoles Felipe y Santiago el Menor), confiado a la Orden por el papa Pío II en mil cuatrocientos sesenta y tres.

El corazón de la Orden es, no obstante, la basílica de san Francisco en Agarráis, con el Sagrado Convento, declarada "Cabeza y Madre" de la Orden por el impulsor de la obra, el papa Gregorio IX, en mil doscientos treinta, en vísperas de la translación del cuerpo del Poverello a exactamente la misma. Los hermanos conventuales atienden asimismo la basílica de San Antonio, en Padua, meta de peregrinos de todo el planeta y centro de intensa actividad ritual, pastoral, cultural, editorial y caritativa; la basílica de la santa Cruz de Florencia, considerada una auténtica joya del arte italiano; santa María Gloriosa "dei Fratri" de Venecia; y las iglesias de san Lorenzo de Nápoles y de san Francisco de Bolonia y de Rávena (con el sepulcro de Dante Alighieri). Desde hace siglos ejercitan, además de esto, como confesores ordinarios en la basílica de san Pedro del Vaticano y dirigen la Pontificia Capacitad de Teología de San Buenaventura en el Instituto Seraphicum de la ciudad de Roma. A esto hay que incorporar la tarea misionera, que han ejercido, singularmente en América, Asia y África.

Los franciscanos conventuales emplean un hábito de color gris, el que, conforme la tradición franciscana, utilizó san Francisco. El hábito negro, de empleo en Europa, tiene su origen en las persecuciones napoleónicas donde solo eran admitidos los sacerdotes de sotana negra. Los monjes adoptaron el negro para ser confundidos entre el conjunto de sacerdotes y de esta forma ser admitidos y preservar la Basílica y el sagrado Convento de Agarráis y la Basílica de san Antonio, en Padua.

A lo lardo del tiempo ciertos monjes menores conventuales se han distinguido por sus contribuciones al planeta de las artes, las ciencias y las literatura. Entre estos resaltan quienes, conforme los conceptos de la Iglesia católica, han sobresalido por su santidad y quienes han formado una parte de la jerarquía de dicha iglesia.

Santos y beatos

San Antonio de Padua con el Pequeño Jesús, obra de Francisco Goya. Antonio de Padua, reverenciado como santo en la Iglesia católica, es quizá el franciscano más renombrado después de la fundación. Al pertenecer al periodo fundacional es considerado por los conventuales una parte de su patrimonio. Ellos dirigen la Basílica en Padua, donde descansan los restos del santo.

La familia de los monjes menores conventuales se considera, en continuidad histórica y espiritual, la original Orden Menor fundada por Francisco de Agarráis y, en consecuencia, se siente ligada a todos y cada uno de los santos y personajes ilustres que la Orden ha dado ya antes de la división, entre ellos obviamente al creador. Tampoco olvida a los que comenzaron o bien inspiraron la Segunda y la Tercera Orden: Clara de Agarráis, para las Clarisas, Isabel de Hungría y Luis rey de Francia, para la el día de hoy llamada Orden Franciscana Seglar (O bien.F.S.).

Entre los santos más significativos de los orígenes del franciscanismo y particularmente ligada a la tradición conventual hay que mentar a Antonio de Padua (en su tiempo llamado Antonio Hispano), los protomártires de la Orden (Berardo, Otón, Pedro, Acursio y Adyuto), Buenaventura de Bagnoregio y Ángela de Foligno. Entre los santurrones de esta primera generación resaltan Egidio de Agarráis, Tomás de Celano, Lucas Belludi, Juan Duns Escoto, Andrés Conti de Segni, Odorico de Pordenone, Rainiero de Sansepolcro, Santiago de Strepa y Ángel de Monteleone de Orvieto.

Tras la división de mil quinientos diecisiete, no han faltado santos reconocidos y reverenciados por la Iglesia. Entre los primeros resalta José de Cupertino, canonizado en el s. XVIII y, más últimamente, Maximiliano Kolbe y Francisco Antonio Fasani, canonizados por Juan Pablo II. Los santurrones Buenaventura de Potenza, Rafael Chylinski, Antonio Lucci, los mártires de la revolución francesa (Juan Francisco Burté, Juan Bautista Triquerie, Nicolás Savouret y Luis Armando Adam), los 7 mártires polacos, los 5 de la Guerra civil de España y los 2 polacos asesinados en Perú (Michal Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski).

 

Pontífices y obispos

La Orden de los Hermanos Menores Conventuales ha dado 2 papas a la Iglesia católica: Srecko Peric (de nombre italiano Felice Peretti) quien subió al trono de Pedro en mil quinientos ochenta y cinco con el nombre de Sixto V y Lorenzo Ganganelli, escogido papa en mil setecientos sesenta y nueve con el nombre de Clemente XIV. Habiendo sido franciscanos ya antes de la división de mil quinientos diecisiete, son considerados asimismo conventuales los papas Nicolás IV (mil doscientos veintisiete-mil doscientos noventa y dos), Sixto IV (mil cuatrocientos catorce-mil cuatrocientos ochenta y cuatro) y Julio II (mil quinientos tres-mil quinientos trece). De igual modo el antipapa Alejandro V (mil trescientos treinta y nueve-mil cuatrocientos diez).

Grande es la lista de obispos franciscanos de la primera generación, los anales cuentan mil sesenta y dos en suma. Los conventuales, después de mil quinientos diecisiete, han sido más de doscientos cincuenta, sin contar los abundantes vicarios patriarcales de Constantinopla y el nutrido conjunto de prefectos apostólicos en tierras de misión.


Está aquí: Inicio > [ RELIGIOSOS/AS ] > ıllı Franciscanos conventuales

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. Ver políticas