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ıllı Hermanos menores reformados de la estricta observancia

salud  ıllı Hermanos menores reformados de la estricta observancia 


Durante el orden del ministro general de los franciscanosPaolo Pisotti (mil quinientos veintinueve-mil quinientos treinta y tres) se impidió la reforma de los conventos observantes y el establecimiento de «casas de recolección», o sea, fundaciones franciscanas, a la forma de eremitorios y ermitas, que dejaban a los monjes conventuales el retiro temporal, para hacer ejercicios espirituales, pensar o bien vivir la regla de una forma más parca, sin desligarse de la comunidad conventual. Estas casas se fundaban en todos y cada provincia para satisfacer los deseos de los monjes de una vida más observante de la regla.

Esta actitud provocó que ciertos monjes que deseaban una observancia más rigurosa y estricta de la regla, bajo la dirección de Francesco da Jesi y Bernardino de Asti solicitaran al papa de poder vivir en comunidades separadas que aplicarían rigurosamente la regla. Era una reforma paralela a la que se daba entonces en los territorios hispánicos con los franciscanos descalzos.

Clemente VII, con la bulaIn suprema militantis Ecclesiae de dieciseis de enero de mil quinientos treinta y dos, los autorizó a hacerlo, concediéndoles una custodia separada bajo la jurisdicción del provincial observante. Podían fundar casas de recolección en todos y cada provincia para permitir la vida observante de los monjes. Si bien los 2 creadores ingresaron en mil quinientos treinta y cinco en los capuchinos, se considera a este hecho el inicio del desarrollo de la reforma franciscana de la rigurosa observancia.

Podían ir descalzos, sin sandalias, y podían cambiar la ropa del hábito (más gruesa o bien basta), mas toda vez que se sostuviera afín al de la orden. Solo cocinaban un par de veces por semana, hacían usuales penitencias y día a día rezaban, aparte de los cánticos y oficios comunes, el Oficio de Fallecidos, el de Madre de Dios y los 7 cánticos penitenciales, recordando la brevedad de la vida. Generalmente, aplicaban más rigor y pobreza de la establecida por exactamente la misma regla de Francisco de Agarráis, por lo que este estado de la reforma no se pudo sostener por un buen tiempo.

Los Observantes procuraron obstruir el desarrollo de la nueva reforma, singularmente entre mil quinientos treinta y dos y mil quinientos setenta y nueve. En mil quinientos treinta y cinco, Pablo III informó al general observante de que si la orden no llevaba a efecto la bula In suprema, ordenaría a los Menores Rehabilitados que se integrasen a la nueva orden capuchina, dejando la disciplina observante. Ante eso, el general dejó la fundación de nuevas casas rehabilitadas, dándoles 4 eremitorios en el Val de Rieti.

En mil quinientos setenta y nueve, la bula Cum illus vicem de Gregorio XIII liberó a los rehabilitados de la jurisdicción observante, y, en la práctica, de la autoridad del ministro general. Prohibía que los Menores rehabilitados pudiesen vivir en conventos observantes, mas no al contrario: los observantes podían vivir en conventos rehabilitados. En la ciudad de Roma, consiguieron como sede central el convento de San Francesco a Ripa. Sin embargo, exactamente el mismo año, el general observante Francesco Gonzaga logró suspender este decreto: unas nuevas constituciones fueron decretadas por Bonaventura Secusi da Caltagirone en mil quinientos noventa y cinco, asegurando que se sostuvieran dentro de las provincias observantes. Clemente VIII aprobó estas constituciones exactamente el mismo mil quinientos noventa y cinco, mas no entraron en acción y en mil quinientos noventa y seis se volvió a activar el breve de Gregorio XIII y los rehabilitados tuvieron un procurador general y visitadores propios. Este papa hizo que las casas de noviciado observantes se transformaran en casas de recolección.

Gregorio XV confirmó esta concesión en mil seiscientos veintiuno y concedió a los rehabilitados un vicario general, por lo que dependían de forma directa del ministro general observante, mas no de los provinciales. Urbano VIII anuló el privilegio en mil seiscientos veinticuatro. Él, con la bula Injuncti nobis de mil seiscientos treinta y nueve transformó la custodia rehabilitada de Italia y Polonia en provincias, y en mil seiscientos cuarenta y dos los rehabilitados decretaron estatutos propios.

Así, en mil seiscientos treinta y nueve, los Monjes Menores Rehabilitados comenzaron a existir como familia autónoma dentro de los Monjes Menores Observantes, bajo la obediencia del ministro general, mas con un procurador general, status que se sostiene hasta la disolución de la orden en mil ochocientos noventa y siete.

El 1620Antonio Arrigoni da Galbatio fue mandado a Baviera donde, pese a la oposición de los menores observantes, logró aunar los conventos bávaros rehabilitados en una provincia, en mil seiscientos veinticinco, que se asignó a la familia observante cismontana. Arrigoni asimismo introdujo la reforma al Tirol en mil seiscientos veintiocho, Austria en mil seiscientos treinta y dos, en Bohemia en mil seiscientos sesenta y Carintia en mil seiscientos ochenta y ocho, con un enorme éxito, pese a la rivalidad con los observantes.

Como los otros conjuntos observantes, los rehabilitados, como el resto de ramas observantes, los rehabilitados desaparecieron en mil ochocientos noventa y siete, a causa de la «Unión Leonina», pasando sus miembros y conventos a formar, con los franciscanos observantes, los recoges y los descalzos, la Orden de Monjes Menores.

Entre las personalidades de los rehabilitados resaltan los santos Benito Morisco de San Fratello, Pacífico de San Severino y Leonardo de Portomaurizio.

En mil seiscientos sesenta y dos, en la provincia de la ciudad de Roma, el santo Buenaventura Gran, procedente de los franciscanos descalzos de Cataluña, comenzó un movimiento de reforma de los Franciscanos Rehabilitados de la Rigurosa Observancia, nombrado Riformella, con la casa madre en San Buenaventura in Palatino. La Riformella tuvo resonancia en la Toscana donde san Leonardo de Porto Maurizio creó 2 conventos, uno en San Miniato a Monte y otro, nombrado Incontro, cerca de Florencia. Estos conventos debían servir como en lugares de recogimiento (recolección) y retiro espiritual para los monjes que se encargaban del apostolado popular.


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