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Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl

salud  ıllı Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl 


Vicente de Paúl (mil quinientos ochenta y uno-mil seiscientos sesenta) creador.Luisa de marillac (mil quinientos noventa y uno-mil seiscientos sesenta), creadora.

La sociedad fue fundada por Vicente de Paúl, sacerdote francés, y Luisa de Marillac, viuda. El origen de exactamente la misma, brota de la necesidad de organización de la ayuda a los pobres de la parroquia en la que trabajaba Vicente. Para esto, creó la hermandad de la Caridad en mil seiscientos diecisiete, la integraban conjuntos de hombres y mujeres, separadamente, que se dedicaban a la evangelización de los campesinos, que se extendió de forma rápida desde las áreas rurales hasta llegar a París. Con ciertos sacerdotes que cooperaban en la hermandad, Vicente creó en mil seiscientos veinticinco la Congregación de la Misión.


En la capital de Francia, las damas de la nobleza intentaban cuidados a los pobres por medio de sus sirvientas, lo que cara que las tareas de caridad se realizasen con indiferencia y desgana. Vicente de Paúl mandó un conjunto de mujeres de la hermandad a París, donde recibieron el nombre de damas de la Caridad, a fin de que se dedicasen al cuidado de los pobres. De estas mujeres salieron las primeras miembros de la futura sociedad de las Hijas de la Caridad.


Cuando Luisa de Marillac queda viuda, fue dirigida por Vicente a efectuar obras de caridad a favor de los pobres. En mil seiscientos veintinueve, Marillac emprende viajes para fundar y organizar cofradías de caridad por diferentes urbes francesas. Solo hasta el veintinueve de noviembre de mil seiscientos treinta y tres, así como las mujeres provenientes de las damas parisinas, Vicente y Luisa fundan las Hijas de la Caridad. Entre el primer conjunto de mujeres, se puede destacar Margarita Naseau, prototipo de la hija de caridad, después de Marillac.


Las hijas de la caridad no pretendían aprobación alguna ni del Estado ni de la Iglesia, conforme el pensamiento de que hacer obra de caridad no precisa permisos. Además de esto la regla general para los institutos femeninos, después del Concilio de Trento (mil quinientos cuarenta y cinco-mil quinientos sesenta y tres), era que todas y cada una de las mujeres dedicadas al servicio de Dios, debían aceptar la clausura o bien en caso contrario se deberían cerrar sus asociaciones. La lucha de Luisa y de sus compañeras fue grande, en un tiempo en el que la mujer o bien era esposa o bien monja de clausura.

Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, creadores, al lado de las primeras Hijas de la Caridad. Iglesia de San Carlo al Corso, Milán.

Solo 12 años tras la fundación, Vicente de Paúl solicitó la aprobación al arzobispo de la ciudad de París, la que recibió en mil seiscientos cuarenta y seis con el nombre de Cofradía de las sirvientas de los pobres de la Caridad. La aprobación fue renovada entonces en mil seiscientos cincuenta y cinco, mudando el nombre por Compañía de las Hijas de la Caridad, y fueron sometidas, de entrada, al creador y después al superior general de la Congregación de la Misión.


Debido al modo de vida de las hijas de la caridad, no existía un esquema en el derecho de la Iglesia donde incluirlas, no podían ser religiosas pues no estaban sometidas a la clausura y no hacían votos públicos. Por último, recibieron la aprobación pontificia en mil seiscientos sesenta y ocho, de una parte del papa Clemente XI, siendo de esta manera la primera sociedad de vida apostólica femenina de la Iglesia católica.

Pintura de Henriette Browne (mil ochocientos cincuenta y nueve)

Estando en vida los creadores, llegaron solicitudes de todas y cada una partes, a fin de que se fundasen nuevas comunidades de hijas de la caridad. Estas es París, ya atendían múltiples centros de caridad. La primera fundación fuera de esta urbe, se dio en Saint-Germain en Laye (mil seiscientos treinta y ocho). Aun se vieron favorecidas por la casa real, cuyos miembros fomentaron las fundaciones de Fontainebleau, Chantilly y Sedán. A la muerte de Marillac y Vicente de Paúl en mil seiscientos sesenta, había más de cuarenta casas de la Hijas de la Caridad por toda Francia y los enfermos eran cuidados en veintiseis parroquias de la ciudad de París. La primera de las fundaciones fuera de Francia brotó en mil seiscientos cincuenta y dos en Varsovia, a solicitud de la reina de Polonia. Un poco antes de la Revolución Francesa, la Compañía contaba con cuatrocientos treinta casas en Francia y veinte en Polonia.


Supresión y restauración


En mil setecientos noventa y dos, a lo largo de la Revolución, las Hijas de la Caridad fueron suprimidas por el gobierno francés. Numerosas religiosas murieron mártires, entre ellas 4 de Arras y 2 entre los mártires de Angers, quienes fueron beatificadas, las primeras por Benedicto XV (trece de junio de mil novecientos veinte) y las segundas por Juan Pablo II (mil novecientos ochenta y cuatro).


La compañía fue restaurada por Napoleón Bonaparte en mil ochocientos. Restauradas las casas de Francia y Polonia, se dio un nuevo periodo de expansión, con las fundaciones fuera de las 2 naciones mentadas. Las Hijas de la Caridad llegaron a España en mil setecientos noventa, a Suiza en mil ochocientos diez y a Italia en mil ochocientos treinta y tres. Desde estas fundaciones, en el siglo XIX se abren horizontes cara Alemania, Austria-Hungría, España, Portugal, Irlanda, Grecia y USA. Les fueron encomendadas misiones en Medio y Extremo Oriente y en Madagascar. Llegan a China en mil ochocientos cuarenta y siete.


Hermanas de la Caridad de San José


Las Hermanas de la Caridad de San José fue una Sociedad de vida apostólica fundada en Baltimore, U.S.A., por Isabel Ana Bayley Seton (1 de junio de mil ochocientos nueve). Después la casa madre fue trasladada a la villa de Emmitsburg (Maryland). Las religiosas adoptaron las Constituciones de las Hijas de la Caridad en mil ochocientos doce. En verdad, el deseo de la creadora era unir la incipiente congregación con la Compañía fundada por Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, mas no lo pudo ver efectuados. A la muerte de Bayley, las hermanas de la caridad se propagaron por distintas zonas de los E.U., dando origen a una docena congregaciones independientes, al tiempo que la original, aquella de Emmintsburg, se unió por último a las Hijas de la Caridad en mil ochocientos cuarenta y nueve, conforme el deseo de la creadora. Isabel Bayle fue canonizada el catorce de septiembre de mil novecientos setenta y cuatro por Pablo VI. Ese año, se unieron en una Federación las otras congregaciones que continuaron independientes.


Las Hijas de la Caridad se instalaron en España en mil setecientos noventa. A lo largo de una parte de los siglos XIX y XX se encargaron de prisiones de mujeres hasta el momento en que, en mil novecientos treinta y uno, fueron expulsadas por Victoria Kent y sustituidas por un cuerpo de funcionarias especializadas.


Acabada la Guerra Civil De España, Francisco Franco restauró el control de las prisiones por la parte de órdenes religiosas. En mil novecientos cuarenta y tres las Hijas de la Caridad se hicieron con la administración de la Cárcel provincial de mujeres de Barna que cobijaba criminales comunes y presas políticas.


Sor María Gómez Valbuena, miembro de la orden, fue una de las acusadas en el caso de los pequeños robados por el franquismo.


Además del servicio a los pobres y a los enfermos, las hijas de la Caridad se dedican al cuidado de los huérfanos, a la asistencia de los enfermos en los centros de salud, al cuidado de los ancianos en casas de reposo, a la asistencia de enfermos mentales, escuelas y cobijos para mujeres y pequeños en contrariedades.


En dos mil once, la sociedad contaba con unas dieciseis y ciento setenta y nueve hijas de la caridad y unas mil novecientos treinta y uno casas presentes en noventa y cuatro países. La casa matriz de la congregación se halla en la ciudad de París, Francia donde yace Luisa de Marillac en la capilla de exactamente la misma. La presente superiora general, desde dos mil quince, es la religiosa estadounidense Kathleen Appler.


En el año mil novecientos noventa y ocho, la congregación recibió la Cruz de San Jordi concedida por la Generalidad de Cataluña, y en el dos mil cinco fue premiada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por "su inusual labor social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos, desarrollada de forma ejemplar a lo largo de prácticamente 4 siglos, y por su promoción, en el mundo entero de los valores de la justicia, la paz y la solidaridad".


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