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ıllı Instituto secular

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Un Instituto secular es un Instituto de vida consagrada en la Iglesia católica, cuyos miembros, sin ser religiosos, profesan los 3 consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, por un vínculo sagrado, al que llaman consagración, y en razón del como entregan la propia vida al seguimiento de Cristo y al apostolado de la Iglesia, comprometiéndose en la santificación del "planeta", trabajando desde dentro de él.

El apodo seculares destaca que aquellos que profesan este estado de vida consagrada no alteran la condición que tienen en el siglo, es decir: que prosiguen viviendo y actuando en la mitad del pueblo de Dios sin salir del propio entorno social conforme el estilo de vida secular que les resulta propio. No se puede confundir secular con laico, existen asimismo clérigos seculares (como los sacerdotes diocesanos) que viven insertos en la sociedad, sin separarse de esta. En verdad, muchos institutos seculares son clericales. En contraposición a este término, a los miembros de los institutos religiosos se les llama regulares.

 

Definición canónica

El Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia católica definen un instituto secular como «un instituto de vida consagrada en el que los fieles, viviendo en el planeta, aspiran perfectamente de la caridad, y se dedican a intentar la santificación del planeta sobre todo desde dentro de él». La palabra planeta es acá homónimo de siglo, de donde procede el adjetivo secular.

Andrea Carlo Ferrari (mil ochocientos cincuenta-mil novecientos veintiuno), creador de uno de los primeros Institutos seculares aprobados por la santa Sede, la Compañía de San Pablo.

Los Institutos seculares tienen precedentes históricos desde finales del s. XVII, no obstante, por las normativas eclesiásticas de la temporada, estos derivaron en Sociedades de vida apostólica o bien Congregaciones religiosas. La obra de María Ward y la de Ángela de Mérici son consideradas por ciertos como los primeros intentos de fundación de un instituto secular.

En la segunda mitad del siglo XIX bajo el impulso del proceso de secularización de los países europeos, el ideal renació en ciertos fieles que deseaban consagrarse a Dios mas sin separarse de sus actividades ordinarias. Un primer intento de reconocimiento fue el decreto Ecclesia Catholica, de León XIII, del once de octubre de mil ochocientos ochenta y nueve, donde se establecía que podían aprobar como Pías asociaciones los conjuntos de seculares existentes. Mas se debe detallar que todavía no se charlaba de consagración. El Código de Derecho Preceptivo de mil novecientos diecisiete no toca para nada a estos conjuntos.

Bajo la presidencia de Agostino Gemelli, religioso franciscano, se festejó el Congreso de San Gallo en Suiza, en mayo de mil novecientos treinta y ocho, al que intervinieron unos veinte creadores de sodalicios de consagrados seculares de diferentes países. Gemelli con la cooperación del teólogo italiano Giuseppe Dossetti mandó al papa Pío XII una memoria histórico-jurídica-preceptiva sobre esas asociaciones de laicos consagrados. El papa confió la evaluación del tema a la Congregación del santo Oficio.

Los primeros institutos seculares consiguieron reconocimiento jurídico y fueron encuadrados entre los estados de vida consagrada aprobados por la Iglesia en el siglo veinte, el dos de febrero de mil novecientos cuarenta y siete, con la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia de Pío XII. Entre los primeros institutos aprobados por la santa Sede se hallan las Misioneras de la Realeza de Cristo (mil novecientos cuarenta y ocho) y la Compañía de San Pablo (mil novecientos cincuenta).

Del veinte al veintiseis de septiembre de mil novecientos setenta tuvo lugar en la ciudad de Roma el primer Congreso internacional de los Institutos seculares, en el que participaron los exponentes de unos noventa y dos institutos, que dio como resultado la conformación de la Conferencia mundial de los Institutos seculares (CMIS) y después de las diferentes conferencias nacionales.

El Código de Derecho Preceptivo decretado por Juan Pablo II en mil novecientos ochenta y tres en el libro Segundo, que trata sobre el pueblo de Dios, introdujo un título completo sobre los Institutos seculares, a saber: título III que entiende los cánones setecientos diez al setecientos treinta.

Los Institutos seculares pueden ser clericales o bien laicales, masculinos o bien femeninos, de derecho pontificio o bien de derecho diocesano. Son clericales aquellos institutos compuestos eminentemente por miembros que reciben el sacramento del Orden, al tiempo que son laicales aquellos compuestos primordialmente por laicos que no pretenden acceder al ministerio sacerdotal. De derecho pontificio los que han sido aprobados por la santa Sede y de derecho diocesano los que han sido aprobados por un prelados diocesano.

 

Características

Pío XII a través de la Constitución apostólicaProvida Mater Ecclesia, de mil novecientos cuarenta y siete, dio el reconocimiento jurídico a los Institutos seculares y los encuadró entre los Institutos de vida consagrada.

Los institutos seculares se distinguen de los religiosos exactamente por su secularidad. Ya antes del nacimiento de estos, quienes deseaban consagrarse a Dios a través de los consejos evangélicos, debía desamparar el planeta (el siglo) y también ingresar a una Orden o bien Congregación religiosa. Los miembros del Instituto secular se consagran a Dios sin desamparar el planeta con el objetivo de conseguir su evangelización.

La naturaleza de los institutos seculares deja a sus miembros vivir con sus familiares, en conjuntos de vida fraterna o bien solos, conforme a las Constituciones de cada instituto. No se puede olvidar que dichos institutos pueden ser clericales o bien laicales, mas diverso es el estilo del clérigo al del laico. El apostolado del laico se efectúa in saeculo et ex- saeculo, «en el siglo y del siglo», o sea totalmente en el planeta y como una parte del mismo, al tiempo que el de los clérigos solo se efectúa in saeculo, «en el siglo», introduzco mas al unísono teniendo cuenta su separación del planeta como sacerdote.

El apostolado de los institutos seculares incluye todo el modo de vida de los miembros en sus oficios, profesiones o bien en el servicio a el resto. Los laicos ciertas ocasiones, asisten en actividades parroquiales o bien diocesanas. De manera regular se reúnen con otros miembros de la asociación local, regional y nacional, para compartir días de recogimiento y retiro, asimismo acostumbran a reunirse para socializar del mismo modo que en conferencias nacionales y también internacionales. Hay verdaderos y fuertes nudos de comunión entre los miembros de un instituto.

Los institutos seculares se plantean efectuar el modelo de relación entre la Iglesia y el planeta. No se puede parar de ver la coincidencia entre el carisma de los institutos seculares y la que ha sido una de las líneas más esenciales y más claras del concilio Vaticano II: la presencia de la Iglesia en el planeta. Estos institutos, en razón de su carisma de secularidad consagrada, aparecen como instrumentos para encarnar este espíritu y transmitirlo a toda la Iglesia.


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