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Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Oblatos de los Santos Ambrosio y Carlos

salud  ıllı Oblatos de los Santos Ambrosio y Carlos 


San Carlos Borromeo da la comunión a los enfermos de la peste, obra de Tanzio da Varallo. A consecuencia de la peste que atacó Milán en mil quinientos setenta y seis, Carlos Borromeo decide fundar a los Oblatos de San Ambrosio en mil quinientos setenta y ocho.

Entre los años mil quinientos setenta y seis-mil quinientos setenta y siete se dio una fuerte peste que devastó la urbe de Milán, cuando en ese tiempo era arzobispo de esa diócesis Carlos Borromeo. Este se dedicó con singular furor y osadía a la cura y atención de los apestados. Pasado el temor de infecciones, en mil quinientos setenta y ocho, Borromeo creó una congregación de sacerdotes seculares, a fin de que se dedicasen al servicio exclusivo de su diócesis. En un comienzo la formaban sacerdotes diocesanos que hacían 2 votos: obediencia al prelados y permanencia en el instituto. Al no hacer votos públicos de obediencia, castidad y pobreza; ni estar obligados a la vida comunitaria, no se les puede estimar un Instituto de vida consagrada. Si bien si en la manera y en su administración pueda incluirse en los Institutos seculares.


Carlos Borromeo realmente creó una suerte de cuerpo de voluntarios a la predisposición del prelados, bien formados y prestos a aceptar labores como las misiones de predicación popular y dirección de seminarios. La oblación (entrega) que los sacerdotes hacían de ellos mismos al prelados produjo el nombre del instituto, que en su origen era el de Oblatos de San Ambrosio, en honor al santo patrón de la urbe. La comunidad se vio favorecida por las donaciones provenientes de determinados beneficios diocesanos, aparte de parte de las propiedades pertenecientes a la Congregación de los Humillados, últimamente derogada por la santa Sede.


Las constituciones de los oblatos fueron redactadas por Agostino Valier y el barnabita Carlo Bascapè. Tras un par de años de prueba, fueron examinadas por una comisión de la que formaban parte Felipe Neri y Félix de Cantalicio; por último aprobada el trece de septiembre de mil quinientos ochenta y uno. En la espiritualidad fueron muy influidos por los jesuitas.


En mil quinientos ochenta y cuatro murió Carlos Borromeo y en mil seiscientos uno, frente a la afluencia masiva de peregrinos a su tumba, los Oblatos de San Ambrosio pidieron la apertura del proceso diocesano de canonización de su creador. En mil seiscientos once, después de la canonización de Carlos Borromeo (mil seiscientos diez), el cardenal Federico Borromeo agregó al nombre el del creador, pasando a ser Oblatos de los santos Ambrosio y Carlos. La sede del la asociación era la iglesia de San Sepulcro de Milán. Borromeo se inspiró en el Oratorio de Felipe Neri de la ciudad de Roma.


La congregación fundada por el Borromeo fue fuente de inspiración para otras congregaciones de sacerdotes seculares, semejantes como: los Oblatos de los santos Gaudencio y Carlos, fundados por Francesco Quagliotti en Novase (mil seiscientos dieciseis); y los Oblatos de los santos Prosdocimo y Antonio, fundados por Gregorio Giovanni Barbarigo en Padua (mil seiscientos setenta y uno).


Supresión y restauración

Iglesia del santo Sepulcro de Milán, vieja sede central de la congregación.

Los oblatos fueron suprimidos por Napoleón Bonaparte el mil ochocientos diez. Después de la salida de los franceses de Milán, hubo intentos de restaurar la congregación, mas el cardenal Carlo Gaetano Gaisruck se opuso y también impidió que se prosiguiera adelante con la obra.


La restauración fue obra del arzobispo Carlo Bartolomeo Romilla el dieciseis de febrero de mil ochocientos cincuenta y cuatro. En mil novecientos veintiocho se trasladó la casa general a la Vía Settala, donde todavía se halla.


El cardenal Alfredo Ildefonso Schuster los confió en mil novecientos treinta y uno la dirección de los seminarios y institutos diocesanos. El asimismo cardenal Giovanni Battista Montini, futuro papa Pablo VI, los rehabilitó en mil novecientos cincuenta y seis.


El mil novecientos ochenta había diecisiete Misioneros de Rho, veinticuatro vicarios, ciento sesenta diocesanos y unos sesenta laicos, todos en la arquidiócesis de Milán.


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