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Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Orden de San Pablo Primer Eremita

salud  ıllı Orden de San Pablo Primer Eremita 


Pius PrzezdzieckiCapilla paulina en la gruta de la Montaña Gellért, en Budapest, Hungría.

La aparición de los ermitaños en Hungría fue un acontencimiento paralelo con la llegada del Cristianismo. Estos vivían al lado de riachuelos y en montañas de forma pacífica, distanciados de la civilización. No tenían ningún orden o bien jerarquía concreta, no obstante debían obedecer las disposiciones de los obispos de las diócesis donde habitaban.


Los registros húngaros más viejos que han quedado hasta la actualidad pertenecen a la comunidad de eremitas de Mecsek. El prelados de Pécs, Bartolomé, hizo edificar cerca de mil doscientos veinticinco un claustro para los ermitaños en la montaña Jakab, entre las colinas Patacs y Ürög. Del mismo modo se ocupó de que estuvieran proveídos de extensos terrenos bajo su observación y les dio un reglamento básico. Cerca de mil doscientos cincuenta el santo Eusebio se transformó en el guía de los eremitas que habitaban en la colina de Pilis, donde edificó el monasterio llamado Sancta Crux tras haberse mudado con otros 6 religiosos.


La capacitación de la Orden Paulina es famosa a través del documento Vitae fratum. En este, el santo Eusebio se dirige al papa Urbano IV, a fin de que les dejase vivir bajo la Regla de San Agustín. De este modo en mil doscientos sesenta y tres el Papa confió a Pablo, prelados de Veszprém, que si estimaba que la orden podía mantenerse por sí sola, fuera reconocida. No obstante, el prelados húngaro estimó que puesto que sus recursos eran pocos, únicamente podían vivir estos 7 religiosos bajo esta regla monástica.


Los eremitas seguidores de Eusebio que habitaban en las diócesis de Pécs y de Eger únicamente pudieron reunirse en comunidades lentamente y paulatina, no obstante para mil doscientos noventa ya existían muchos claustros paulinos en Transilvania y Croacia. En mil doscientos noventa y uno los paulinos le solicitaron a Lodomero, arzobispo de Estrigonia, y a Benedek, prelados de Veszprém, que les confirmasen, lo que fue hecho por los 2 jefes católicos. De esta manera en mil doscientos noventa y siete Andrés, prelados de Eger, amplió las reglas y las fortaleció frente a la poco a poco más creciente cantidad de eremitas que brotaban por todo el reino.


En mil trescientos ocho el cardenal Gentilis, mandado del papa Clemente V dejó personalmente a los paulinos que prosiguiesen la Regla de san Agustín, tras lo que dejó en una carta de mil trescientos nueve la constitución formal de la Orden. De este modo, desde mil trescientos nueve los paulinos se reunían anualmente en el monasterio de la montaña de San Pablo, sobre Buda, lugar que se transformó en el centro primordial de la orden.


En mil trescientos veintisiete el papa Juan XII solicitó a Ladislao, arzobispo de Kalocsa, que le notificase sobre las condiciones de vida de los paulinos. El arzobispo resumió en un breve documento llamado Vitae fratrum, donde detallaba que la orden paulina contaba con cerca de treinta monasterios, los que podían sostener cerca de veinte religiosos cada uno de ellos. Aparte de ellos vivían otras decenas y decenas de eremitas en soledad, distanciados de los centros religiosos, asilados en bosques.


En mil trescientos veintiocho, tras la solicitud del rey Carlos I Roberto de Hungría, recibieron la primera carta de privilegios papales. En esta, el papa Juan XII dejaba la aplicación de la regla agustiniana, la elección de un prior que los condujera, y los liberaba del pago del diezmo. En mil trescientos cuarenta el directivo de la inquisición húngara, Juan el Teutónico, negoció con el prior paulino, y ortorgó a la orden cuatro viviendas para eremitas, tras lo que al mismo tiempo donó otras más. En mil trescientos cuarenta y uno, el Papa les dejó el empleo de hábitos blancos en lugar de los grises que llevaban en ese instante, a fin de que fueran diferentes de los eremitas mendicantes. En mil trescientos cincuenta y dos el papa Clemente VI dio autorización a fin de que los laicos y demás personajes que vivieran cerca de los monasterios paulinos pudieran ir a confesarse con los religiosos.


Expansión de la Orden en Hungría y Europa

Ruinas del monasterio paulino de Martony, en Hungría

Entre mil trescientos cuarenta y uno y mil trescientos cuarenta y siete un conjunto de nobles de la zona de Martony edificaron los monasterios paulinos de Martony y de Háromhegy, tras lo que el rey Luis I de Hungría donó múltiples monasterios más para la orden, entre los que el más conocido es el de Marianostra. Frente a la solicitud del rey húngaro, el papa Gregorio XI exoneró a los paulinos y a sus monasterios de la obediencia a sus respectivas diócesis en mil trescientos setenta y siete y los sometió de forma directa a Roma. En mil trescientos ochenta y uno el rey consiguió de Venecia las reliquias del santo patrón de la Orden, san Pablo de Tebas, y estas fueron puestas en el monasterio de Szentlorinc. El rey entonces consagró Hungría a San Pablo, lo que motivó numerosas peregrinaciones tomaron sitio cara dicho monasterio.

Monasterio paulino de Jasna Góra, en Polonia

Tras la muerte de su tío el rey Casimiro III de Polonia, el rey húngaro heredó el trono polaco, reinando en los dos estados. Esto favoreció a que en mil trescientos ochenta y dos Luis I (seguramente por iniciativa del Duque Ladislao de Oppel) fundara el primer monasterio paulino en Polonia, el que fue conocido como Jasna Góra. Este santuario, que más tarde adquirió enorme relevancia para los polacos, empezó con dieciseis religiosos húngaros que partieron de Marianostra a Polonia para encargarse del monasterio. En mil trescientos ochenta y cuatro se edificó otro monasterio en Gerény.


En el Siglo XIV se crearon abundantes monasterios paulinos en las costas de Croacia; el primero en Austria fue en mil cuatrocientos catorce, y en mil cuatrocientos setenta y seis en Wiener Neustadt. Desde mil cuatrocientos cuatro los paulinos se arraigaron en la ciudad de Roma, donde crearon un monasterio que contaba originalmente con doce religiosos húngaros. En mil cuatrocientos cincuenta y cuatro recibieron del Papa las iglesias de Monte Celión y santo Stefano Rotondo. Cara mil cuatrocientos setenta existían cincuenta y ocho monasterios en Hungría, suma que aumentó más todavía en mil quinientos veintiseis. Además de estos, se sabe que hasta mil cuatrocientos setenta existieron otros diecisiete monasterios que contaron con una breve vida.


En mil cuatrocientos setenta y cinco el rey Matías Corvino de Hungría le solicitó representando a los paulinos al papa Sixto IV que este nombrase al cardenal de la iglesia de San Marcos como protector de la Orden, a fin de que representara los intereses de estos religiosos frente a la curia romana.El rey le dio a los paulinos los monasterios premonstratenses de Zsámbék y Váradhegyfok, tras lo que en mil cuatrocientos ochenta y tres se creó el monasterio de Nagyvázsony. Más tarde el rey Vladislao II de Hungría les concedió los monasterios benedictinos de Visegrád y de Szentjobb.


Decadencia húngara a lo largo de la ocupación Turca Otomana

Jorge Martinuzzi, el miembro más relevante de la Orden Paulina

Después de la derrota sufrida por los húngaros en la batalla de Mohács en mil quinientos veintiseis, los turcos otomanos avanzaron cara la urbe de Buda. A su paso hurtaron y destrozaron once monasterios paulinos y asesinaron a veinticinco religiosos de la orden. A lo largo de la invasión turca el ejemplo a proseguirse de los paulinos fue el rey caballero San Ladislao I de Hungría, en quien se inspiraban para enfrentar en combate a los turcos al lado de la urbe de Visegrád para resguardar a la santa Corona Húngara. Desde el siete de septiembre los turcos birlaron y destrozaron los centros de la orden paulina, incluyendo el claustro de Szentlorinc, donde quemaron todos y cada uno de los libros y documentos húngaros que eran guardados. La reliquia de San Pablo de Tebas fueron llevadas al norte del reino al castillo de Trencsén, donde fue destruida después de un incendio por causa de los turcos. El tesoro de la orden fue llevado primero a Horné Lefantovce y después a la urbe croata de Lepoglava.


Luego de la batalla de Mohács apareció en la palestra pública el religioso húngaro Jorge Martinuzzi, quien era un religioso paulino que se transformó en tutor y protector del joven príncipe Juan Segismundo Szapolyai, hijo del fallecido rey Juan I de Hungría, que había sido coronado tras la muerte de Luis II. Demandando asimismo el trono húngaro, Fernando I de Habsburgo había sido coronado como rey, tras lo que una serie de enfrentamientos militares se sucedieron entre Juan I y Fernando I, hasta la muerte del primero en mil quinientos cuarenta. El recién nacido Juan Segismundo se transformó en la esperanza de recuperar el poder en el reino y continuó en Transilvania cuidado por su madre la reina consorte Isabela Jagellón de Hungría y Jorge Martinuzzi.


Tras la muerte de Martinuzzi, el miembro más representativo de la orden, quien fue un estratega político inusual y ejemplar hombre de Estado, los restos de la orden paulina en Hungría cayeron en un profundo abismo. No obstante irónicamente en el extranjero existían ya cerca de doscientos monasterios paulinos a lo largo del planeta (en Portugal, Italia, España, Palestina, Rusia y Egipto. En Hungría por otro lado, la situación se agudizaba más aún: El reino se había separado en 3 partes, una Occidental bajo el control de los Habsburgo, una central ocupada por los turcos y una Oriental en la manera del Principado de Transilvania, el que era independiente y regido por la nobleza húngara. Los monasterios paulinos se fueron despoblando poco a poco más, puesto que se sentían conminados por la presencia otomana y del protestantismo en Transilvania.


En mil quinientos setenta el Duque Carlos II de Estiria le ordenó a los habitantes del reino a solicitud del prior paulino, que no estaba tolerado demandarles ninguna contribución a los priores de la Orden, puesto que eran entonces despilfarrados los pocos recursos que todavía quedaban. La orden logró sostenerse firme en Máriavölgy (Thall) y en el monasterio de la urbe croata de Lepoglava, con determinadas contrariedades y también interrupciones asimismo en Horné Lefantovce, Csáktornya y en Remete al lado de la urbe de Zagrab. Máriavölgy se transformó en esta temporada en el nuevo centro de la orden, sede del prior paulino. Desde ahí empezaron aguerridamente sus luchas por recobrar sus terrenos y propiedades perdidas.


Resurreción de la Orden en Hungría y su florecimiento en Europa

Viejo monasterio paulino de Sátoraljaújhely en Hungría. En la actualidad pertenece a la Orden Piarista.

Los monasterios de la orden paulina en Polonia conformaban una provincia separada a fines de la Edad Media. En mil seiscientos cuarenta y tres la provincia polaca contaba con once monasterios viejos y dos nuevos, como con doscientos religiosos paulinos. La provincia de Suabia por otro lado tenía cinco monasterios y veintidos religiosos, la provincia de Estiria y Croacia 7 claustros y veintidos religiosos, y en Austria había 2 casas con cuarenta y uno religiosos. De los 4 monasterios croatas, el de Lepglava era el más significativo, puesto que en mil seiscientos cuarenta y tres era habitado por veinticuatro religiosos paulinos, y con los otros tres eran dieciseis. En mil seiscientos cuarenta y tres fue impresa la nueva constitución de la orden paulina, mas en el viaje por mar se perdieron la mayor parte de los ejemplares, por lo que en mil seiscientos cuarenta y seis se debieron imprimir de nuevo.


En la primera mitad del Siglo XVII los religiosos retornaron a sus cuatro viejos lugares, Wondorf, Sátoraljaújhely, Lád, Terebes. En mil seiscientos treinta y ocho crearon una vivienda esencial en la urbe húngara de Pápa, y en mil seiscientos cincuenta y dos consiguieron una en Nagyszombat a fin de que sus novicios pudieran estudiar teología en la universidad. En mil seiscientos ochenta y seis el emperador germánico Leopoldo I de Habsburgo, quien era asimismo rey húngaro mandó a sus ejércitos a los territorios húngaros y después de una larga campaña, lograron expulsar a los turcos otomanos invasores del reino. Pronto reunificó las 3 partes bajo su figura, y empezó a restaurar poco a poco el reino húngaro. Después de esta serie de acontecimientos los paulinos empezaron a volver a Pest y a Pécs, y asimismo lograron restaurar otros 4 monasterios que habían perdido (Nosztra, Jeno/Tüskevár, Diósgyor, Család), así como consiguieron ocho nuevas viviendas menores. Cerca de mil setecientos se empezaron a edificar nuevos monasterios en Transilvania y ante la carencia de religiosos cristianos en Hungría tras la ocupación otomana, los paulinos llenaron estos vacíos ocupándose de la labor de pastoreo cristiano.


En mil setecientos las provincias de la orden paulina de Croacia-Austria se apartaron de Hungría. Esta se apartó en 2 en mil setecientos diez y la sede de los croatas pasó a ser Lepoglava. En mil setecientos veintiuno los territorios de la orden eran oficialmente cinco conventos, doce viviendas, la casa en la ciudad de Roma, y existían ciento sesenta y uno paulinos húngaros.La provincia Polaca contaba con doscientos cincuenta frailes paulinos, la del Rin-Suabia con treinta y cinco, Estiria con cuarenta y ocho, Croacia con ciento veintitres y Austria con ochenta. En mil setecientos veintiseis fue impreso en la ciudad de Roma las nuevas reglas de la orden, las que fueron aplicadas en mil setecientos veintisiete.


La piedra esencial de su vivienda en Pest (en la actualidad la Iglesia Universitaria) fue puesta el catorce de mayo de mil setecientos quince por el paulino Bakay. El veintidos de mayo de mil setecientos veinte empezaron a edificar la capilla en honor a las 5 heridas santas Jesús, la que fue bendecida el 1 de enero de mil setecientos veintiuno por el prior paulino. El tres de mayo fue fundada la sociedad de las 5 heridas santas de Jesús, y en mil setecientos veintidos fue ampliada el hala Sur del monasterio bajo le conducción del prior Agustín Mayr. De esta manera se acabó su construcción total en mil setecientos veinticinco y fue la sede de la Orden Paulina hasta mil setecientos ochenta y seis.


El Papa Clemente XIV clasificó a los paulinos en mil setecientos setenta como una orden monástica a solicitud del prior Ladislao Pablo Eszterházy. Esto se efectuó en relación con el privilegio conseguido en mil cuatrocientos uno del Papa Bonifacio IX, donde los favorecía con todos y cada uno de los privilegios de la Orden de los Cartujos.


La Orden Paulina en la era del Absolutismo de los Habsburgo


Los recursos netos de la orden paulina en el siglo XVIII era sobremanera rebosantes, y su éxito se fundamentaba en sus habilidades financieras y en su sensibilidad social por aquellos que no tenían muchos recursos; por poner un ejemplo le daban dinero a aquellos que tenían mucho menos que el promedio, e incluso, aceptaban los intereses de las deudas de los pobres. Los paulinos tenían múltiples escuelas, donde enseñaban sus doctrinas filosóficas elaboradas desde los cánones de Aristóteles y santo Tomás de Aquino. Sostuvieron un intenso sentimiento por la preservación de la cultura, idioma y también historia húngara: este era el carácter natural de los religiosos paulinos, o bien asimismo famosa como „el ánima paulina”.


Fue exactamente esta última característica la que fue su perdición en Hungría. El emperador germánico José II de Habsburgo, quien era asimismo rey húngaro deseaba expandir la cultura predominante en la corte de Viena a el resto Estados dependientes de la corona imperial (entre ellos Hungría). Cuando su madre la reina María Teresa I de Austria murió en mil setecientos ochenta, José II heredó el trono húngaro, mas frente a la prerrogativa de que siendo coronado con la santa Corona Húngara, el monarca debía cumplir con las leyes del reino, este decidió que no le pusiesen la joya real en su cabeza. Sintiéndose libre de germanizar Hungría ordenó que el idioma legal oficial que era el latín fuera sustituido por el alemán. Del mismo modo atentó contra muchos privilegios de la nobleza y el pueblo húngaro, tratando de fortalecer la preponderancia cultural de Austria.


Considerando un incordio para su empresa José II estimó que la Orden Paulina no era útil, y de este modo dictaminó el siete de febrero de mil setecientos ochenta y seis la confiscación de sus amplios territorios y la abolición de sus privilegios. Cerca de trescientos ochenta y uno viviendas paulinas pasaron a manos de los Habsburgo, y cerca de diez libros de las bibliotecas se perdieron en el proceso.


En mil setecientos noventa Pablo Ladislao Esterházy, uno de los miembros de la orden paulina se conviritó en prelados de Pécs, y con complejidad se resignó a la disolución de la orden. Remodeló la iglesia paulina de Püspökszentlászló, y edificó un monasterio disfrazado como vivienda obispal de veraneo, en donde dejó que los paulinos húngaros prosiguiesen con su modo de vida de forma segrega. Se sabe que estos eremitas vivían todavía en esa vivienda hasta mediados del siglo XIX.


Luego de mil ochocientos diecinueve cerraron las viviendas paulinas en la provincia de Prusia-Polonia y en mil ochocientos sesenta y cuatro en la de Rusia-Polonia. Únicamente quedó marchando la más esencial de ellas, la de Czestochowa y el monasterio primordial de Cracovia.


Resurgimiento de la Orden en Hungría y la opresión comunista

Iglesia y vivienda paulina en la urbe de Pécs, Hungría.

En mil ochocientos sesenta y cuatro el cardenal Juan Scitovszky manifestó sus pretensiones de regresar a establecer la orden paulina en Hungría, tras lo que trajo múltiples religiosos desde Polonia, quienes recibieron una vivienda en las cercanías de la urbe de Esztergom. No obstante tras la muerte del cardenal en mil ochocientos sesenta y seis, la comunidad se disolvió y los religiosos debieron volver a Cracovia.


Décadas después la orden paulina volvió a percibir fuerza en Polonia en mil novecientos diecinueve, y en mil novecientos treinta y uno recibieron una nueva constitución que se puso en regla. Entonces de múltiples intentos inútiles, la orden paulina consiguió lograr la capilla en la gruta de la montaña Gellért en Budapest en mil novecientos treinta y cuatro, en mil novecientos treinta y cinco consiguieron un terreno en Pécs (donde más tarde edificaron una iglesia), y en mil novecientos cuarenta consiguieron lograr una propiedad en Petofiszálláson (Pálosszentkút) retornando los paulinos de nuevo a Hungría.


Sin embargo tras la Segunda Guerra Mundial, Hungría fue invadida por los ejércitos soviéticos y se instituyó un gobierno marxista. De este modo los sovéticos ordenaron la disolución de la orden paulina en mil novecientos cincuenta, que contaba para ese instante con veintiuno frailes y veinte hermanos asistentes. En pascua de mil novecientos cincuenta y uno la policía segrega famosa como Államvédelmi Hatóság penetró violentamente en la capilla en la gruta de la montaña Gellért en Budapest, y reunió a los religiosos paulinos, de los que ciertos lograron escapar y se disolvieron entre la gente. La entrada de la gruta fue sellada con un muro de específico de 2 metros de grosor y en ese año después de un breve encarcelamiento fue ahorcado el fraile piror paulino Ferenc. En mil novecientos cincuenta y ocho el fraile Ferenc Kováts que asimismo había sido capturado fue asesinado a golpes por la policía segrega marxista.


Para mil novecientos setenta y nueve la orden paulina proseguía existiendo en el extranjero: en Polonia con nueve monasterios y tres viviendas, en la ciudad de Roma con 1 vivienda, en los E.U. con tres (Doylestown, Kittaning), en Suecia con cuatro (Estocolmo, Nyköping) 2–2, en Yugoslavia con una. La orden paulina contaba en conjunto con doscientos veintiseis religiosos a lo largo del planeta y entre ellos había ciento veintidos sacerdotes (las cantidades actuales se sostienes afines).En mil novecientos ochenta y siete el prior general paulino Josef Platek introdujo la nueva constitución de la orden (que esta actual actualmente).


Luego de la caída del régimen marxista soviético en mil novecientos ochenta y nueve, de nuevo fue salvada la capilla en la gruta de la montaña Gellért en Budapest. El centro paulino pasó a ser la iglesia de Pécs, y la orden recobró la propiedad de Marianostra, como la de Petofiszállás. Para dos mil ocho la orden paulina húngara contaba con veintidos religiosos. Actualmente la Orden cuenta con unos quinientos religiosos, entre ellos trescientos diez sacerdotes.


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