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Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Orden Franciscana

salud  ıllı Orden Franciscana 


En la actualidad la componen los próximos institutos religiosos:

 

Primera orden

La primera orden es masculina. Su funcionamiento fue aprobado en mil doscientos nueve por el papaInocencio III. Cuenta con 3 ramas:

Estas ramas aparecieron debido a divisiones internas en la Orden original, por los diferentes modos de interpretar, de vivir y de observar la Regla de san Francisco, en especial cuando ve a la vida evangélica profesada y a la rigidez o bien holgura en la observancia de la pobreza.

En el siglo XIV brotó y medró entre los Franciscanos un movimiento de reforma a favor de una más rigurosa observancia de la Regla. Desde mil cuatrocientos quince se les dio a los miembros de este movimiento el nombre de Observantes. Al aumentarse siempre y en toda circunstancia más el número de los reformadores, se empezó poquito a poco a dar a los no participantes en el movimiento el nombre de Conventuales. En mil cuatrocientos cuarenta y seis, el papa Eugenio IV concedió a los Observantes una extensa autonomía adentro de la Orden Franciscana. Los Conventuales protestaron múltiples veces en balde, y en mil quinientos diecisiete el papa León X dividió la Orden en 2 meridianamente diferentes. A la de los Observantes, que eran la mayor parte, se reserva el nombre simples de Orden de Monjes Menores, al paso que los otros forman la Orden de Monjes Menores Conventuales.

A propósito de semejante división el historiador Lucas Wadding, Franciscano Observante, resumía todos y cada uno de los sucesos del último siglo, ya antes de mil quinientos diecisiete y de este año, en las próximas afirmaciones: «Observantes vero paulatim, etsi per multas tribulationes et contradictiones, creverunt sub Conventualibus; neque voluerunt umquam ab Ordinis córpore divelli, sed vero cápiti et lícito sancti Francisci Successori, penes quem potéstas regendi et sigillum Órdinis residébat, humíliter subesse, iuxta illud ipsíus sancti Francisci praecétpum: et alii Fratres teneántur fratri Francisco et eius Successóribus obedire. Tunc áutem facta est separátio, quando a Conventualibus ad Observantes translatus est cum sigillo Primatus, et Ministri Generalis totíus Órdinis, quae prius penes Conventuales erat, nomenclatura; uti a Leone Pontífice... factum fuisse multo praemisso consílio narrávimus diffuse» (WaddingAnnMin, mil quinientos veintiocho, n. dieciseis).

Luego de esta división, en el año de mil quinientos treinta y cinco, dentro de la Observancia se empezó el movimiento de la Reforma Capuchina, que consiguió su independencia en mil seiscientos diecinueve.

Actualmente, cada una de estas 3 ramas, observando la única Regla de la ciudad de San Francisco de Agarráis, cuenta con su autonomía y su Ministro General. Desde exactamente el mismo siglo XIII, existen los franciscanos de la Tercera Orden Regular (T.O.R), quienes asimismo tienen su autonomía y su Ministro General.

Segunda orden

La segunda orden entiende las ramas femeninas

Tercera orden

La tercera orden en la familia franciscana comprende:

  1. la Orden Franciscana Seglar, Tercera Orden Seglar o bien Ordo Franciscanus Saecularis (OFS), y
  2. la Tercera Orden Regular o bien Tertius Ordo Regularis (TOR).

 

La primera orden religiosa en llegar y establecerse en el virreinato de Nueva España fue la de los franciscanos entre los años mil quinientos veintitres y 1536; después llegaron los jesuitas, los agustinos y la Orden de Reverendos, mejor conocidos como dominicos.

 

Franciscanos en México

El trece de mayo de mil quinientos veinticuatro, un conjunto de 12 franciscanos provenientes del Caribe llegan a Nueva España con la intención de catequizar. A lo largo de su instancia realizaron una serie de actividades para compartir y profesar su religión de forma exitosa, mas ya antes debieron deshacerse de sus hábitos y adoptar nuevos para poder cumplir con su cometido. Tuvieron su sede primordial en la Urbe de México, en el Convento de la ciudad de San Francisco.

 

Provincias franciscanas

  • Yucatán: San José de Yucatán (mil quinientos treinta y seis).
  • Jalisco: Ajijic (mil quinientos treinta y uno), Xalisco de Nayarit (mil quinientos cuarenta), Guadalajara (mil quinientos cuarenta y siete), Ahuacatlán (mil quinientos cincuenta y uno), Acaponeta (mil quinientos ochenta), Xala (mil seiscientos uno) y Ayotuchpan (mil seiscientos siete).
  • Puebla: Quecholac y Tecali (mil quinientos cuarenta), Tecamachalco (mil quinientos cuarenta y uno) y Atlixco (mil quinientos cincuenta).
  • Zacatecas: San Francisco de Sombrerete y San Mateo de Chalchihuites (mil quinientos sesenta y tres).

Inicialmente los franciscanos realizaron un proyecto que incluía el estudio de las lenguas nativas, de forma de instruir el cristianismo en las lenguas propias de los indígenas. De entrada consiguieron el apoyo de la Corona de España. Emplearon además de esto otros medios educativos, que incluían el empleo de cuadros de imágenes, el canto y la música. Ese proyecto franciscano fue atacado por los encomenderos, quienes procuraban que las comunidades indígenas continuaran sostienes de forma terminante a los intereses y necesidades de los criollos y peninsulares, para lo que operaron de manera que la enseñanza se desarrollara en idioma de España. Por último, en mil quinientos cincuenta se expidió una orden a fin de que los religiosos enseñaran la lengua española a todos y cada uno de los naturales. El imperial instituto de la santa Cruz de Tlatelolco, creado en mil quinientos treinta y seis para ser el centro educativo superior más esencial de la Nueva España y dirigido a la capacitación de un clero indígena, acabó por desaparecer en mil quinientos setenta y seis.

El proyecto educativo constaba de 3 vertientes.

Franciscanos en Perú

La orden religiosa de los franciscanos llegó al Perú poco tras la muerte de Atahualpa, si bien fue en Quito (mil quinientos treinta y tres) donde se edificó el primer convento. El primer franciscano que pisó tierras peruanas fue fray Marcos de Niza, y poco después llegaron los progenitores Jodoco Ricke (nombrado Protejo para el Perú), Pedro Gosseal y Pedro Rodeñas.

Estos monjes dedicaron grandes sacrificios en la evangelización de los indígenas de estas tierras. Ricke, aparte de educar la doctrina cristiana, enseñó a los indios técnicas de agricultura (arar con bueyes, hacer yugos, arados y carretas), la forma de contar con cifras, la gramática de España, a leer y redactar, el arte de tocar instrumentos de viento y cuerda, y otros oficios.

En Lima se edificó el segundo convento de la orden. Un poco antes, cara mil quinientos cuarenta y ocho, los franciscanos asimismo se habían implantado en Trujillo y Cuzco.

En mil quinientos cuarenta y dos llegó al Perú una expedición de franciscanos, formada por 12 monjes, lo que dio origen al nombre de la provincia peruana: de los 12 Apóstoles.

Los miembros de la orden franciscana se dedicaron básicamente a las misiones populares, conviviendo prácticamente con los indios y buscando trasmitirles con su ejemplo la enseñanza cristiana. Esto produjo asimismo una serie de ideas orientadas a inculcar la fe cristiana entre los pueblos indígenas. Entre estos intentos se puede destacar la obra de fray Luis Jerónimo de Recé, autor del Símbolo católico indiano (mil quinientos ochenta y ocho), que incluye además de esto una gramática en quechua y aimara, una descripción geográfica del Perú y también informaciones sobre las viejas costumbres prehispánicas. Recé es asimismo autor de un ritual de oraciones en lenguas nativas.

La zona donde Juan santos Atahualpa comenzó su alzamiento tiene una relevancia particular. El Gran Pajonal, situado en Tarma, en la selva central, fue un centro de misioneros franciscanos dedicados a catequizar a las etnias selváticas, como de ciertos motores de búsqueda de oro. En esta zona y a lo largo de esa temporada se descubrieron grandes depósitos de sal, que fueron de manera rápida explotados por los españoles, usando la fuerza de trabajo de la zona, con los conocidos maltratos de la mita colonial. Asimismo hay referencias de maltratos por la parte de los misioneros franciscanos y sus recias reglas, que además de esto no hacían nada contra los abusos de los empresarios de la sal. Otro factor de descontento fueron las enfermedades que traían y que dezmaban a la población indígena.

Hacia mediados del siglo XVIII los franciscanos habían conseguido establecer unas treinta y dos misiones de trescientos habitantes cada una: en suma unas 9 mil personas. Otro dato esencial es que la selva central fue una zona de incesante intercambio de productos y de personas. Primordialmente coca, frutas, madera, sal, algodón y otros productos valiosos. La movilización de personas de diferentes orígenes se acentuó, en tanto que los misioneros y terratenientes llevaban consigo sirvientes y trabajadores serranos, negros y mestizos. Aparte de estos conjuntos controlados, hubo otro contingente de disidentes, provenientes eminentemente de la sierra, si bien no solamente indios, que hallaron en la selva central una zona de cobijo ideal para ocultarse de las autoridades. Para mediados del siglo XVIII, estos conjuntos no controlados tenían una población que sumaba seguramente múltiples miles.


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