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ıllı Sociedad de Vida Apostólica

salud  ıllı Sociedad de Vida Apostólica 


Existen 2 significados del término societas, en latín, "sociedad", en español, en el campo de la vida consagrada en la Iglesia católica. El primero de ellos es entendido como homónimo, si bien no en sentido concreto, de "comunidad", "conjunto", "hermandad", "asociación". El segundo, pretende una cierta separación de los viejos conceptos de "orden" o bien "congregación", en especial desde el siglo XVI con el nacimiento de nuevas organizaciones católicas, que todavía siendo religiosos, deseaban enseñar una originalidad en frente de las viejas órdenes religiosas; tal es el caso de los Jesuitas, cuyo nombre oficial en latín es Societas Iesus.


A partid de la segunda mitad del siglo XVI, si bien no únicamente, fueron llamadas "sociedades", en especial aquellos conjuntos de hombres, clérigos o bien laicos, y mujeres, que no emitían votos mas que vivían en comunidad. Va a ser el Código de Derecho Preceptivo de mil novecientos diecisiete, que establezca su situación jurídica con ese nombre, y el de mil novecientos ochenta y tres quien les de su nombre actual.


Definición canónica


El Catecismo de la Iglesia Católica y el Código de Derecho Canónico definen a las Sociedades de vida apostólica como una forma de vida equiparada a la vida consagrada, donde sus miembros sin votos religiosos, ejercitan un apostolado propio de la sociedad y viven en común. De esa forma, los miembros de dichas sociedades, conforme el propio estilo de vida, aspiran con perfección de la caridad por la observancia de las constituciones.


A pesar de que la característica principal de las Sociedades de vida apostólica es la ausencia de votos religiosos, existen sociedades cuyos miembros abrazan los consejos evangélicos a través de un vínculo determinado por las constituciones propias de cada sociedad.

San Vicente de Paúl (mil quinientos ochenta y uno-mil seiscientos sesenta) fue el creador de la primera Sociedad de vida apostólica femenina, las Hijas de la Caridad.

Luego del Concilio de Trento (mil quinientos cuarenta y cinco-mil quinientos sesenta y tres), se hicieron numerosas reformas en las viejas órdenes religiosas y favoreció el nacimiento de otras formas de vida consagrada como las Congregaciones religiosas de votos simples, incluso de este modo sus miembros se consideraron religiosos, pues estaban sujetos a la profesión de sus votos. Brotan asimismo conjuntos de hombres y mujeres que deseaban vivir en comunidad y tener un apostolado propio, formar una suerte de sociedad, mas sin votos religiosos. La primera de ellas fue el Oratorio Romano fundado por san Felipe Neri en mil quinientos setenta y cinco.


Estas sociedades nacen como fruto de la reforma católica, que dejó un modo de vida que ya antes de Trento era impensable, pues o bien se era religioso o bien se era seglar, mas no se podía vivir un especie de punto intermedio. Solo cuarenta años tras la fundación de Felipe Neri, nació otra sociedad afín a la suya, el Oratorio Francés de Pedro de Bérullle. Desde ese momento, Francia fue la cuna de la mayoría de sociedades de esta clase. Entre ellas, la primera sociedad de mujeres sin votos dedicadas al apostolado, aprobada por la Iglesia católica: las Hijas de la Caridad, fundadas por san Vicente de Paúl en mil seiscientos treinta y tres.


El Código de Derecho Preceptivo de mil novecientos diecisiete les llamaba Sociedades de varones o bien de mujeres que viven en común sin votos lo que pasó a ser su definición en el Código de mil novecientos ochenta y tres, mudando el nombre por el presente. Ya antes de esta aclaración, el destino de estas sociedades parecía dudoso, a raíz de la progresiva semejanza que fueron presentando con los Institutos de vida consagrada. Aunque es cierto, que desde sus orígenes, los consejos evangélicos, quedaban excluidos de las sociedades, con el pasar del tiempo, ciertas sociedades de vida apostólica admitieron para sus miembros la profesión de exactamente los mismos a través de un vínculo determinado por las propias constituciones, si bien si no se trataban de votos públicos. No obstante, con la profesión de los consejos evangélicos, estas sociedades apenas se distinguían de los institutos de vida consagrada. Por tal razón se les quiso llamar Institutos de vida consagrada sin votos públicos, mas esta definición no hacía justicia por fin concreto con el que fueron fundadas. Ya antes del Código de mil novecientos ochenta y tres, en mayo de mil novecientos ochenta, quedó definido que las sociedades de vida apostólica no son institutos de vida consagrada, si bien si en ciertas de ellas se abrazan los consejos evangélicos.


En el Anuario Pontificio de dos mil once se recogen una treinta y tres Sociedades de vida apostólica masculinas y unas trece femeninas, de aprobación pontificia.

Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en un cuadro del siglo XIX. Si bien si su forma de vida e inclusive su apariencia, por el empleo de hábito o bien signos identificativos, sea afín a la de los Institutos religiosos, los miembros las Sociedades de vida apostólica no son religiosos.

La Sociedades de vida apostólica pueden ser femeninas o bien masculinas y de derecho pontificio o bien derecho diocesano. Las sociedades masculinas pueden ser clericales o bien laicales. Son clericales aquellas que conforme la distinción propia de la actividad apostólica de la sociedad, se precisa la ordenación sacerdotal de sus miembros. Son laicales en cambio, aquellas que donde el ministerio sacerdotal no es un requisito en sus actividades apostólicas. Todas y cada una de las sociedades femeninas son laicales, pues en la Iglesia católica no se contempla la ordenación sacerdotal de mujeres.


Son Sociedades de derecho pontificio aquellas que han sido aprobadas legítimamente por la santa Sede, en caso contrario van a ser llamadas de derecho diocesano, si han sido legítimamente aprobadas por el ordinario del sitio, sea este el prelados diocesano o bien algún otro cargo equiparado a este en la Iglesia católica.


En la Iglesia católica se pueden distinguir 5 géneros de Sociedades de vida apostólica:



  1. Sociedades que carecen de todo género de vínculo singular externo, llámese voto, promesa, consagración, etcétera, que pudiese semejarlas a los Institutos de vida consagrada.El vínculo de estas es una suerte de contrato que entiende desde la integración a la Sociedad, que supone la aceptación de sus leyes y los fines concretos de exactamente la misma.
  2. Sociedades con una específica finalidad misionera entre los pueblos donde no existe el cristianismo o bien donde este es una minoría. Se semejan a los Institutos de vida consagrada si bien si explícitamente no hacen votos religiosos.
  3. Sociedades cuyos miembros se comprometen con un vínculo explícito, que puede ser una promesa de lealtad, como en los Eudistas o bien de obediencia, como en las Cottolengas. Mas no es un vínculo dirigido a la práctica de los consejos evangélicos cuando tal, tanto como al ministerio apostólico de la Sociedad. En lugar de consagración religiosa se le podría llamar consagración apostólica.
  4. Sociedades que profesan los consejos evangélicos a través de vínculos privados ordenados al ministerio apostólica de la propia sociedad. Semejan a los religiosos mas no lo son, en lo que se refiere a que estos, para ser considerados como tal, hacen votos públicos. Ejemplo de este género de sociedades son la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad.
  5. Finalmente, se hallan aquellas sociedades que apenas se distinguen de los Institutos de vida consagrada, en especial femeninos y de derecho diocesano. Su diferencia es más jurídica que teológica y pueden confundirse en especial con los Institutos seculares.


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