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Directorio de Órdenes y Congregaciones Religiosas:

ıllı Trinitarias contemplativas

salud  ıllı Trinitarias contemplativas 


Retrato de Ángela María de la Concepción, reformadora de las monjas trinitarias de El Toboso.

La Orden de la Muy santa Trinidad y de los Cautivos fue fundada por san Juan de Mata en el año mil ciento noventa y cuatro y aprobada por Inocencio III en mil ciento noventa y ocho. Desde su fundación fueron apareciendo comunidades femeninas que se vinculaban de una o bien otra manera a las actividades hospitalarias o bien dadivosas de la Orden, en los comienzos se les llamaban sorores, entonces aparecieron las santas y más de forma tardía brotaron las monjas, alrededor del siglo XVI, salvo el monasterio de Avingaña que sus orígenes se remontan al mediados del siglo XIII.


Las sorores asistieron los trinitarios como terciarias laicas, conocidas asimismo como frailas, en sus fundaciones dedicadas a la asistencia a enfermos y necesitados, en hospicios y asilos. Vivían en espacios anexos a los conventos de los monjes, formando comunidades mixtas. Las mujeres se podían comprometer a continuar la regla y buscar la vida de perfección conforme el carisma de la Orden, mas sin estimar hacer votos públicos o bien solemnes. Tenían una priora que sostenía el gobierno y dependían de los monjes en lo espiritual y lo material.


Se sabe de la existencia de beaterios formados por mujeres laicas, las santurronas, que deseaban vivir religiosamente en su casa, conforme el carisma de la orden, mas del mismo modo que las sorores sin vocalizar votos. En ciertos casos, pasados los cincuenta años, se podían hacer votos, mas frecuentemente se reducía al compromiso de cumplir con los mandamientos y la regla y constituciones de la orden.


Monjas trinitarias de Avingaña


Merece atención singular el monasterio de las sorores o bien hermanas trinitarias de Aviganña, pues se transformó, desde su fundación como comunidad femenina en mil doscientos cincuenta, en la única rama de monjas de la orden, hasta la aparición de otros monasterios en el siglo XVI.


Juan de Mata, creador de la Orden de la Muy santa Trinidad, admitió la donación de tierras que el noble Pedro de Bellvís le hizo en mil doscientos uno en Avingaña (Seròs, Segrià), como agradecimiento por su liberación, llevada a cabo por los trinitarios. Creó entonces el primer convento trinitario de la península Ibérica. Dicho convento recibió esenciales donaciones de la nobleza local.


Las donaciones no fueron suficientes para el mantenimiento de la casa-convento, y en mil doscientos treinta y seis las deudas de Avingaña eran altísimas. La infanta Constanza de Aragón, hija natural de Pedro II de Aragón y viuda de Guillem Ramon II de Montcada, senescal de Cataluña y señor de Serós. Al enviudar en mil doscientos veintiocho, deseó hacer vida religiosa y su hermano, el rey Jaime el Conquistador, le recomendó que fundase una comunidad al convento de Avingaña, para entonces imposible para los trinitarios por las deudas. Los terrenos del monasterio formaba una parte de sus tierras. El tres de abril de mil doscientos treinta y seis, Nicolás de Galia, ministro general de la Orden Trinitaria, cedió la casa a la infanta, con todos y cada uno de los recursos y tierras que tenía, a cambio del pago de la deuda y de que la comunidad prosiguiera la regla y constituciones de la Orden de la Trinidad, mermando el rigor de la orden masculina y excluyendo las reglas relativas al vestido interior y la cama. Además de esto, debían reservar la tercera una parte de las rentas y beneficios para destinarlos a la redención de cautivos, objetivo esencial de la orden. La comunidad estaría bajo la jurisdicción de los monjes trinitarios.


De este modo, el convento se transformó en monasterio femenino, destinado a la profesión monástica de hijas de nobles. siguieron viviendo los monjes que quedaban para el servicio ritual del monasterio, formando una comunidad mixta. Constanza se instaló con 12 mujeres más y el veinticuatro de octubre de mil doscientos cincuenta comenzaron a hacer vida contemplativa.


Se nombró primera priora de por vida Guillema de Villalta, pese a que se había decidido en mil doscientos treinta y seis que lo sería la infanta; seguramente la avanzada edad de exactamente la misma lo debió impedir. Murió poco después, cara el mil doscientos cincuenta y dos, y fue enterrada en la iglesia del convento. La comunidad prosiguió su actividad, siempre y en todo momento bajo la jurisdicción de los trinitarios, y con mucha presencia de monjas de los estirpes de Montcada y Foix. Al enriquecimiento del monasterio a los siglos XIII y XIV, prosiguió un veloz declive cara el siglo XV, en una parte por la mala administración de las tierras y las rentas. La comunidad, siempre y en toda circunstancia de 12 monjas, va mermando hasta el momento en que en mil quinientos veintinueve solo hay 2. Se decide entonces devolver el convento a los monjes, que se instalan exactamente el mismo año, extinguiéndose de este modo la comunidad femenina de Avingaña.

Monja trinitaria calzada, grabado de 1847Monja trinitaria descalza, grabado de 1847

Trinitarias calzadas


También cononidas como Trinitarias de la vieja observancia, el primer monasterio fue el mentado de Avingaña en el siglo XIII, y muy más tarde brotarán los de Burgos y Valladolid cara el siglo XIV, a resultas de beaterios trinitarios que con el trascurrir del tiempo se fueron formando en monasterios.


El florecimiento de monasterios trinitarios no se dio sino más bien a lo largo de siglo XVI y según parece eran solo una realidad en el territorio hispano. En orden temporal se pueden contar Villoruela (Salamanca, mil quinientos diez), Villena (Alicante, mil quinientos veinticuatro), Badajoz (mil quinientos cuarenta), Alcalá la Real (Jaén, mil quinientos sesenta), Andújar (Jaén, mil quinientos ochenta y siete), San Clemente (Cuenca, mil quinientos ochenta y ocho), Martos (Jaén, mil quinientos noventa y cinco), la mayor parte aún existentes, y los de Medina del Campo (Valladolid, mil quinientos ochenta y ocho) y La Rueda (Albacete, mil quinientos noventa y ocho), desaparecidos. Desde el siglo XVII se da comienzo a una nueva etapa de fundaciones, esta vez en Portugal: Guimaraes (mil seiscientos cincuenta y tres), Mocambo (mil seiscientos sesenta y uno) y Braguita (mil setecientos sesenta y ocho).


Trinitarias descalzas


A raíz de la reforma de san Juan Bautista de la Concepción que produjo a los Trinitarios descalzos en mil quinientos noventa y nueve, aparecen las primeras comunidades femeninas de clausura rigurosa. El primero de ellos fue abierto en la capital de España en mil seiscientos doce, fundación de Francisca Romero Gaitán, continuada por María de Villena.En mil seiscientos veinticuatro el papa aprobó la Regla, que era la de san Juan de Mata sin mitigaciones y adaptadas a la vida de las monjas. En contraste a las calzadas que dependían de los provinciales trinitarios, las trinitarias descalzas dependían de manera directa del prelado diocesano. El monasterio de la capital de España enseguida se transformó en uno de los más conocidos a raíz de su relación con los escritores más conocidos del «Siglo de Oro» español; en él fue enterrado Miguel de Cervantes Saavedra, escritor del Don Quijote; y allá vivió La hija de Lope de Vega, Marcela de San Félix, asimismo escritora.


Las Trinitarias descalzas crearon monasterios en la ciudad de Lima (Perú, mil seiscientos ochenta y uno), el primero de la Orden en América, en Concepción (mil setecientos treinta y seis) y después en la ciudad de Roma.


Trinitarias recoletas


En mil seiscientos ochenta nace una nueva rama, las Trinitarias Rehabilitadas o bien Recoges, fundadas por Ángela María de la Concepción en El Toboso (Toledo), con el ideal de volver a la observancia de la regla primitiva. La casa fue abierta en mil seiscientos ochenta y uno y el papa Inocencio IX aprobó las Constituciones. Estas monjas no se apartaron de la Orden Trinitaria calzada, si bien vivía un modo de vida más parco.


Las Trinitarias recoletas crearon los monasterios de Suesa (mil ochocientos sesenta), Noya (mil ochocientos setenta y uno), Suances (mil ochocientos ochenta y tres), Laredo (mil ochocientos ochenta y cuatro) y Quintanar de la Orden (mil novecientos cincuenta y siete). Las monjas calzadas de Alcalá la Real se pasaron de la vieja observancia a la Reforma de Ángela de la Concepción.


A comienzos del siglo veinte existían diecisiete monasterios de Trinitarias, en sus 3 ramas de calzadas, descalzas y recoletas, 15 en España, uno en Perú y uno en Chile.


En mil novecientos sesenta y seis, los breves pontificios Perfectae Caritatis y Ecclesiae Sanctae reunieron en una sola Orden a todas y cada una de las comunidades contemplativas de trinitarias, teniendo presente su origen común y su servicio a la redención de las ánimas. Tomaron el nombre común de Monjas de la Orden de la Muy santa Trinidad y de los Cautivos, sencillamente conocidas como Trinitarias contemplativas. En mil novecientos sesenta y siete se uniformaron en un hábito, el de las descalzas.


Doce monasterios españoles se han confederado, sosteniendo su independencia comparten rasgos comunes y escogen entre ellas una Madre Federal. Las Trinitarias en nuestros días están presentes en dieciséis monasterios en España, 2 en Perú, y uno en todos y cada uno de ellos de los próximos países: Chile, Guatemala, Madagascar, Ecuador, Honduras y Colombia.


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