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ıllı Sagrado Corazón de Jesús (SCJ)


¿QUE ES EL SAGRADO CORAZON DE JESUS?


 Sagrado Corazón de Jesús

En la Iglesia católica, el Sagrado Corazón de Jesús es la devoción referida al corazón de Jesucristo, como un símbolo de amor divino. La devoción al Sagrado Corazón tuvo su origen en una corriente mística centrada en la persona de Jesucristo, que concebía el corazón como centro vital y expresión de su entrega y amor total.

En tal sentido, la devoción al Sagrado Corazón refiere particularmente a los sentimientos de Jesús, y de forma especial a su amor por la humanidad, conforme lo resume el Evangelio de Juan:

Esta devoción insta a quienes la practican a tener, en palabras de Pablo de Tarso, «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Epístola a los filipenses 2:5). Un número esencial de congregaciones y de familias espirituales se conformaron en torno a la devoción al Sagrado Corazón.

 

Historia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús


La devoción al Corazón de Jesús es de origen medieval, siendo los escritos de santa Matilde de Hackeborn, santa Gertrudis de Helfta y santa Ángela de Foligno los testimonios más viejos. No obstante, la fuente más esencial de la devoción, en la manera en que la conocemos en la actualidad, es santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación de Santa María, a quien Jesús se le apareció.

En tales apariciones, Jesús le afirmó que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían mil gracias divinas.Ya hemos indicado que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de Iglesia. No obstante, hay una data específica en que esta devoción pasó a vivirse con un enfoque determinado; enfoque que lo dio exactamente el mismo Jesús a santa Margarita María de Alacoque el veintisiete de diciembre de mil seiscientos setenta y tres.

El confesor de santa Margarita María Alacoque fue san Claudio de la Colombière, quien, creyendo en las revelaciones místicas que recibía, extendió la devoción. Los jesuitas extendieron la devoción por el planeta mediante los miembros de la Compañía, y los libros de los jesuitas Juan Croisset y José de Gallifet fueron esenciales para esta difusión. Pese a polémicas y de opositores, como los jansenistas, los fieles confiaron en la promesa que Jesús hizo a la santa: "Mi Corazón reinará pese a mis contrincantes".

El padre Mateo Crawley-Boevey, SS.CC. inventó un movimiento de regeneración de las familias y de la sociedad mediante una cruzada ética, y para esto creó la Obra de la Entronización del Sagrado Corazón en los Hogares, con repercusiones en todo el orbe. Uno de sus intereses fue lograr el establecimiento del Reinado Social. A mediados del siglo veinte, el capuchino Italiano san Pío de Pietrelcina y el santurrón León Dehon fomentaron y revivieron el término de la oración dirigida al Sagrado Corazón de Jesús. La difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a santa Margarita de Alacoque a quien Jesús se le apareció con estas palabras:

"Mira este corazón mío, que pese a consumirse en amor ardiente por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que pecado, menosprecio, indiferencia y también ingratitud, todavía en exactamente el mismo sacramento de mi amor. Mas lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas en especial a mi servicio."

 

 

Propagación en España


Por medio de los jesuitas, el culto y devoción al Sagrado Corazón llega a España (y a la América de España).

Con la llegada de Felipe V de España, esta se ve reafirmada por la carta que escribe a Benedicto XIII en mil setecientos veintisiete, pidiendo Misa y Oficio propio del Sagrado Corazón de Jesús, para sus Reinos y Dominios.

En Valladolid, el catorce de mayo de mil setecientos treinta y tres, Bernardo de Hoyos, estudiante de Teología en el instituto San Ambrosio de los jesuitas (actual Santuario Nacional de la Gran Promesa), recibió la aparición sobrenatural de Jesús para revelarle la promesa de que: "Reinaré en España, y con más adoración que en muchas otras partes". En la urbe tiene gran arraigo la celebración de la procesión del Sagrado Corazón el viernes siguiente al domingo de Corpus.


La consagración pública de España al Sagrado Corazón fue hecha primero por Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este (reclamante Carlos VII de España) y después el rey Alfonso XIII lo va a hacer de forma oficial en Getafe, en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península Ibérica.

El hermano de Carlos Mª de los Dolores, Alfonso de Borbón y Austria-Este publicó el tres de junio de mil novecientos treinta y dos un Decreto sobre el escudo de España empleado por sus partidarios, donde entronizó en él el Sagrado Corazón.

A lo largo de la Guerra Civil de España muchos soldados del bando nacional llevaban Sagrados Corazones de fieltro adheridos a la ropa y era devoción que servía para detener las balas enemigas; se les llamaba "detentes".

Asimismo fue muy empleada (y lo prosigue siendo actualmente) en España la imagen del Sagrado Corazón fijada a la puerta como símbolo de la condición católica de una casa. Una imagen sedente era frecuentemente entronizada en la primordial sala de la casa acompañado de algún leimotiv, del tipo El Sagrado Corazón de Jesús reina en esta casa.

Seguramente, una de las celebraciones más espectaculares relacionadas con el Sagrado Corazón de Jesús en España se da en Alhaurín el Grande (Málaga), donde la Fraternidad de Nuestro Padre Jesús Penitente efectúa rutas salidas procesionales el sábado y domingo siguientes al Corpus Christi, días en los que es procesionada la imagen del titular. Esta celebración es famosa como Día de Jesús.

 

Propagación en Hispanoamérica

Al unísono que la devoción al Sagrado Corazón se extendía por España, por mediación de los jesuitas y apoyados por la carta del Rey de España al papa, la devoción se vio impulsada por América y las Filipinas.

La República del Ecuador, el veinticinco de marzo de mil ochocientos setenta y tres, fue el primer país en el planeta que se consagró oficialmente al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Esto se hizo en la Presidencia del doctor Gabriel García Moreno. El Gobierno Nacional, determinó que en honor a esta consagración se edificara en Quito una enorme basílica llamada Basílica del Voto Nacional.

En el Perú, la iglesia de San Pedro de los jesuitas (Basílica y Convento de San Pedro) es el Santuario Nacional del Corazón de Jesús. En el primer mes del verano se efectúan en esta iglesia las celebraciones del Sagrado Corazón de Jesús a lo largo de todo el mes, acabando con una procesión de su imagen; esta procesión se hace desde mil ochocientos setenta y ocho.

El Sagrado Corazón de Jesús es además de esto el patrono de la Armada de Chile y asimismo el de los ferrocarrileros.

En Colombia el veintidos de junio de mil novecientos dos se efectuó la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. El acto se realizó en el templo llamado del Voto Nacional, construido como voto de todos y cada uno de los colombianos pidiendo el fin de la llamada "Guerra de los Mil Días", por iniciativa de Bernardo Herrera Restrepo. Además de esto en todas y cada una de las iglesias de Colombia, desde ese día, se declara al Corazón de Jesús patrono de Colombia.

Hasta la reforma constitucional de Colombia en mil novecientos noventa y uno, este país aparecía consagrado al Sagrado Corazón de Jesús en las primeras páginas de la vieja constitución.

En México para ser más precisos en León (Guanajuato) se encuetra el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús; además de esto la Catedral de Urbe Victoria, capital del estado de Tamaulipas tiene al Sagrado Corazón como patrono. En prácticamente todos los templos católicos de este país se le dedica una capilla.

 

Celebración litúrgica

En el rito romano, la celebración ritual del Sagrado Corazón de Jesús es una solemnidad (celebración de 1ª clase en la clasificación del papa Juan XXIII) y se celebra el viernes siguiente al segundo domingo tras Pentecostés. Esta data fue escogida por ser entonces el día viernes de manera inmediata consecutivo a la octava ritual de Corpus Christi, octava que después fue derogada por el papa Pío XII (en mil novecientos cincuenta y cinco).

Se festeja de color blanco (o bien oro). Es Misa letra B, es decir: 1) se deja la Misa Exequial (Cf. Corporación General del Misal Romano, n. 380; y dos) En la celebración del matrimonio se afirma la Misa la de la solemnidad indicada en el calendario, mas se puede substituir una de las lecturas del día por una de las que corresponden a la celebración del matrimonio (cf. Ordo celebrandi Matrimonium, 2a ed. n. treinta y cuatro).

Todo el mes de junio está, de alguna forma, dedicado por la piedad cristiana al Corazón de Cristo.

La aspiración primordial de santa Margarita era la aprobación pontificia del culto público al Corazón de Jesús, no obstante hubo que aguardar al pontificado del Papa Clemente XIII en mil setecientos sesenta y cinco para su aprobación, e inclusive limitado a Polonia y a Roma.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús cobró apogeo siendo acogida como devoción propia de El Apostolado de la Oración (fundado el tres de diciembre de mil ochocientos cuarenta y cuatro por el P. Francisco Javier Gautrelet, SJ). En mil ochocientos sesenta y uno nació, en Francia, la primera publicación para fomentar la devoción al Corazón de Jesús: El Mensajero. Pronto publicaciones afines brotaron por todo el planeta.

En mil novecientos diecisiete, en las pariciones de Fátima, el ángel y la Virgen enseñaron a los pequeños a orar y contestar a los propósitos de los Corazones de Jesús y María. Desde Fátima, la devoción a los corazones de Jesús.

 

El Sagrado Corazón en el Magisterio de la Iglesia

Santa María del Divino Corazón. Solicitó al papa León XIII a fin de que consagrara todo el planeta al Sagrado Corazón de Jesús, lo que el pontífice hizo en mil ochocientos noventa y nueve.


Tras las cartas de la Santa María del Divino Corazón Droste zü Vischering (mil ochocientos sesenta y tres-mil ochocientos noventa y nueve) con la solicitud, en el nombre del propio Cristo, a fin de que el papa León XIII consagrara el planeta entero al Sagrado Corazón de Jesús, el pontífice designó comisiones de conjuntos de teólogos para examinar su solicitud sobre la base de la revelación mística y la tradición sagrada. Esta investigación resultó positiva. Siguiendo la revisión teológica, León XIII, en su encíclica Annum Sacrum (veinticinco de mayo de mil ochocientos noventa y nueve) afirmó que la humanidad en su totalidad había de ser consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, declarando su consagración el once de junio del mismo año.

Pío XII desarrolla en su encíclica Haurietis Aquas el culto al Sagrado Corazón que queda en parte plasmado en el próximo punto del Catecismo de la Iglesia Católica:

En el punto cuatrocientos setenta y ocho que "Jesús, a lo largo de su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de ellos de nosotros y se ha entregado por cada uno de ellos de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga dos, veinte). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por tal razón, el Sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn diecinueve, treinta y cuatro), "es considerado como el primordial indicador y símbolo...del amor con que el divino Salvador ama de forma continua al eterno Padre y a todos y cada uno de los hombres" (Pio XII, Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS tres mil ochocientos doce).

 

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús no es sino más bien una forma singular de devoción a Jesús. Al aclarar su objeto, sus fundamentos y sus actos propios vamos a conocer qué es precisamente y qué hace diferente a esta devoción.

(1) El objeto singular de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús
La naturaleza de esta cuestión ya es de por si acaso compleja y las contrariedades que nacen a raíz de la terminología la hacen todavía más compleja. Sin ahondar en términos que son exageradamente técnicos, vamos a estudiar las ideas en si mismas y, con el objetivo de pronto saber dónde estamos, nos detendremos en el significado y en el empleo que se da a la palabra corazón en el lenguaje normal.

(a) La palabra corazón lúcida en nosotros, antes de nada, la idea del órgano vital que late en nuestro pecho y del que sabemos, si bien quizá de forma vaga, que está íntimamente conectado no solo con nuestra vida física, sino más bien asimismo con nuestra vida ética y sensible Tal relación explica, asimismo, que el corazón de carne sea universalmente admitido como distintivo de nuestra vida ética y sensible, y que por asociación, la palabra corazón ocupe el lugar que tiene en el lenguaje simbólico y que esa palabra se aplique del mismo modo a las cosas mismas que son simbolizadas por el corazón. (Cfr. Jr treinta y uno, 33; Dt seis, 5; veintinueve, 3; Is veintinueve, 13; Ez treinta y seis, 26; Mt seis, 21; quince, 19; Lc ocho, 15; Rm cinco, 5; Catecismo de la Iglesia Católica, nos. trescientos sesenta y ocho, dos mil quinientos diecisiete, N.T.).

Pensemos, por poner un ejemplo, en expresiones como "abrir nuestro corazón", "dar el corazón", etcétera Llega a pasar que el símbolo es desposeído de su significado material y en lugar del signo se percibe solo lo que es significado. De exactamente la misma manera, en el lenguaje corriente la palabra ánima ya no lúcida la idea de aliento, y la palabra corazón solo nos trae a la psique las ideas de valor o bien amor. Claro que acá charlamos de figuras del lenguaje o bien de metáforas, más que de símbolos. El símbolo es un signo real, al tiempo que la metáfora es solo un signo verbal. El símbolo es una cosa que significa algo diferente de si mismo, al paso que la metáfora es una palabra empleada para dar a comprender algo diferente de su significado propio. Finalmente, en el lenguaje normal, pasamos de manera continua de la parte al todo y, merced a una forma muy natural de charlar, utilizamos la palabra corazón para referirnos a la persona. Todas y cada una estas ideas nos van a ayudar a determinar el objeto de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

(b) El inconveniente empieza cuando se debe distinguir entre los significados material, metafórico y simbólico de la palabra corazón. Se trata de saber si el objeto de la devoción es el corazón de carne, como tal, o bien el amor de Jesucristo significado en sentido metafórico por la palabra corazón, o bien el corazón de carne cuando símbolo de la vida sensible y ética de Jesús, en especial de su amor hacia nosotros. Aseveramos que se da debido culto al corazón de carne cuando este representa y recuerda el amor de Jesús y su vida sensible y ética (Cfr. Pío XII, encíclica "Haurietis Aquas", dieciocho con veintiuno, N.T.)


De tal manera, si bien la devoción se dirige al corazón material, no se detiene ahí: incluye el amor, ese amor que forma su objeto primordial mas que solamente se alcanza a través del corazón de carne, símbolo y signo de ese amor. La devoción al solo Corazón de Jesús, tomado este como una parte noble de su divino cuerpo, no sería equivalente a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tal como la comprende y aprueba la Iglesia. Y lo mismo se puede decir de la devoción al amor de Jesús, tal y como si se tratase de una parte separada de su corazón de carne, o bien sin más ni más relación con este último que la sugerida por una palabra tomada en su sentido metafórico. (Cfr. Gaudium et Spes, veintidos con dos, N.T.)

Puesto que hay que estimar que en esta devoción existen 2 elementos: uno sensible, el corazón de carne, y uno espiritual, el que es representado y traído a la psique por el corazón de carne. Estos 2 elementos no son 2 objetos diferentes, sencillamente ordenados, sino verdaderamente forman un objeto solo, de exactamente la misma forma como lo hacen el ánima y el cuerpo, y el signo y la cosa significada. De esos 2 elementos el primordial es el amor, que es la causa y la razón de la existencia de la devoción, tal y como el ánima es el principal elemento en el hombre. Consecuentemente, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús puede ser definida como una devoción al Corazón Admirable de Jesucristo cuando representa y recuerda su amor. O bien, lo que equivale a lo mismo, se trata de la devoción al amor de Jesucristo cuando que ese amor es recordado y de manera simbólica representado por su corazón de carne (Cfr. Encíclica de S.S. León XIII, Annum Sacrum; Catecismo de la Iglesia Católica nos. cuatrocientos setenta y nueve, seiscientos nueve. N.T.).

(c) La devoción está basada absolutamente en el simbolismo del corazón. Es este simbolismo lo que de da su significado y su unidad, y su fuerza simbólica queda admirablemente completada siendo representado el corazón como herido. Como el Corazón de Jesús se nos presenta como el signo sensible de su amor, la herida perceptible en el Corazón nos recuerda la invisible herida de su amor ("Solo el corazón de Cristo, que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su clemencia de una forma tan llena de simplicidad y de belleza", Catecismo de la Iglesia Católica, mil cuatrocientos treinta y nueve, N.T.).

Ese simbolismo asimismo nos deja en claro que la devoción, aunque otorga al corazón un sitio singular, poco está interesada en los detalles anatómicos. Puesto que en las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús la expresión simbólica debe prevalecer sobre todo lo demás, no se busca jamás la coherencia anatómica; esta afectaría de manera negativa la devoción al desgastar la patentiza del simbolismo. Es de máxima importancia que el corazón como distintivo se pueda distinguir del corazón anatómico; lo apropiado de la imagen ha de ser conveniente a la expresión de la idea.

En una imagen del Sagrado Corazón de Jesús es preciso un corazón perceptible, mas este ha de ser, aparte de perceptible, simbólico. Y se puede aseverar algo semejante en el campo de la fisiología, pues el corazón de carne que forma el objeto de la devoción, y que debe dejar ver el amor de Jesús, es el Corazón de Jesús, el Corazón real, viviente, que de verdad amó y sufrió; el que, como lo experimentamos en nuestros corazones, tuvo relación con las emociones y la vida ética de Cristo; el que, por el conocimiento, de esta manera sea tosco, que tenemos desde las operaciones de nuestra vida humana, jugó igual papel en las operaciones de la vida del Profesor.

No obstante, la relación entre el Corazón y el Amor de Cristo no tiene un carácter puramente usual, como es el caso entre la palabra y la cosa, o bien entre la bandera y el país que esta representa. Ese Corazón ha estado y está inseparablemente vinculado con la vida de Cristo, vida de bondad y amor. Basta, pero, que en nuestra devoción sencillamente conozcamos y sintamos esta relación tan íntima. No tenemos porqué preocuparnos por la anatomía del Sagrado Corazón de Jesús, ni con determinar cuáles son sus funciones en la vida diaria. Sabemos que el simbolismo del corazón se funda en la realidad y que forma el objeto de nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús, la que no está en riesgo de caer en el fallo.

(d) El corazón es, antes de nada, el distintivo del amor y es exactamente esa característica la que define naturalmente a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Es más, puesto que la devoción se dirige al amante Corazón de Jesús, debe englobar todo lo que es abrazado por ese amor. Y, en ese contexto, ¿no fue ese amor la causa de toda acción y sufrimiento de Cristo?. ¿No fue su vida interior, más que la exterior, dominada por ese amor?

Por otra parte, teniendo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como objeto al Corazón viviente de Jesús, eso familiariza al devoto con toda la vida interna del Profesor, con sus virtudes y sentimientos y, por último, con Jesús mismo, interminablemente amante y afable. Consecuentemente, de la devoción al Corazón amante se procede, primero, al conocimiento íntimo de Jesús, de sus sentimientos y virtudes, de su vida sensible y moral; del Corazón amante se extiende a las manifestaciones de su amor.

Hay otra manera de extensión que, teniendo exactamente la misma significación, se efectúa, no obstante, de diverso modo, pasando del Corazón a la Persona. Transición que, por otro lado, es una cosa que se efectúa naturalmente. Cuando charlamos de un "gran corazón" siempre y en todo momento hacemos alusión a una persona, de exactamente la misma forma que cuando mentamos el Sagrado Corazón de Jesús nos referimos a Jesús.

Esto no sucede por el hecho de que las dos cosas sean sinónimas sino más bien pues la palabra corazón se emplea para apuntar una persona, y esto es posible por el hecho de que expresamos que tal persona está relacionada con su vida ética y sensible. De igual manera, en el momento en que nos referimos a Jesús como el Sagrado Corazón de Jesús, lo que realmente deseamos expresar es al Jesús que manifiesta su Corazón, el Jesús amante y afable. Jesús entero queda resumido en su Corazón Sagrado, del mismo modo que todas y cada una de las cosas son resumidas en Jesús.


Tal entrega a Jesús, amante y afable, lleva al devoto a caer en la cuenta que su divino amor ha sido y prosigue siendo rechazado. Dios de manera continua se lamenta de ello en las Sagradas Escrituras; los santurrones siempre y en toda circunstancia han escuchado en sus corazones la protesta de ese amor no correspondido. Una de las fases esenciales de la devoción es la percepción de que el amor de Jesús por nosotros es ignorado y menospreciado. Exactamente el mismo Jesús descubrió esa verdad a Santa Margarita María Alacoque, frente a la que se quejó de ello agriamente.

(f) Este amor se manifiesta meridianamente en Jesús y en su vida, y solamente ese amor puede explicar a Jesús, como sus palabras y obras. Pero, su amor reluce más reluciente en determinados misterios por medio de los que nos llegan grandes recursos, y en los que Jesús se manifiesta más espléndido en la entrega de si mismo. Podemos meditar, por poner un ejemplo, en la Encarnación, la Pasión y la Eucaristía. Estos misterios, además de esto, tienen un sitio singular en la devoción que, buscando a Jesús y los signos de su amor y su gracia, los halla acá con una intensidad mayor que en cualquier acontecimiento particular.

(g) Ya se afirmó arriba que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, dirigida al Corazón de Jesús como distintivo de su amor, pone singular atención a su amor por la humanidad. Como resulta lógico, esto no excluye su amor a Dios, puesto que está incluido en su amor por los hombres. Se trata, entonces, de la devoción al "Corazón que tanto ha amado a los hombres", conforme las palabras citadas por Santa Margarita María.

(h) Finalmente, brota el interrogante de si el amor al que honramos con esta devoción es exactamente el mismo con el que Jesús nos ama cuando hombre o bien se trata de aquel con el que nos ama cuando Dios. Esto es, si se trata de un amor creado o bien de uno increado; de su amor humano o bien de su amor divino. Sin duda se trata del amor de Dios hecho hombre, el amor del Verbo Encarnado. Ningún devoto aparta estos 2 amores, como tampoco aparta las 2 naturalezas de Cristo (Cfr. Catecismo de la Igesia Católica, No. cuatrocientos setenta, N.T.).

Y si bien quisiéramos discutir este punto y solventarlo a toda costa, solo encontraremos que hay diferentes creencias entre los autores. Ciertos, por estimar que el corazón de carne solo puede vincularse con el amor humano, concluyen que no puede simbolizar el amor divino que, por su parte, no es propio de la persona de Jesús y que, por ende, el amor divino no puede ser objeto de la devoción. Otros aseveran que el amor divino no puede ser objeto de la devoción si se le aparta del Verbo Encarnado, esto es que solo es tal cuando se le considera como el amor del Verbo Encarnado y no ven porqué no pueda ser simbolizado por el corazón de carne ni porqué la devoción debiese limitarse únicamente al amor creado.

 

Fundamentos de la devoción


Esta cuestión puede ser estudiada bajo 3 aspectos: el histórico, el teológico y el científico.

(a) Fundamentos históricos
Al aprobar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia no sencillamente confió en las visiones de Santa Margarita María, sino, haciendo abstracción de ellas, examinó el culto en si mismo. Las visiones de Santa Margarita María podían ser falsas, mas ello no debía repercutir en la devoción, haciéndola menos digna o bien firme. No obstante, el hecho es que la devoción se extendió eminentemente bajo la repercusión del movimiento que se comenzó en Paray-le-Monial. Ya antes de su beatificación, las visiones de Santa Margarita María fueron críticamente examinadas por la Iglesia, cuyo juicio, en semejantes casos, si bien no es infalible, sí implica una certidumbre humana suficiente para asegurar las palabras y acciones que se prosigan de él.

(b) Fundamentos teológicos
El Corazón de Jesús merece veneración, como lo hace todo cuanto pertenece a su persona. Mas no la merecería si se le considerase como algo apartado o bien desligado de esta. Claramente, al Corazón de Jesús no se le considera de esa forma, y Pio VI, en su bula de mil setecientos noventa y cuatro, "Auctorem fidei", defendió con su autoridad este aspecto de la devoción contra las calumnias jansenistas. Aunque el culto se rinde al Corazón de Jesús, va alén del corazón de carne, para dirigirse al amor cuyo símbolo expresivo y vivo es el corazón.

No se requiere justificar la devoción sobre esto. Es la Persona de Jesús a quien se dirige, y esta Persona es inseparable de su divinidad. Jesús, la manifestación viviente de la bondad de Dios y de su amor paternal; Jesús, interminablemente afable y amante, visto desde la primordial manifestación de su amor, es el objeto de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, de la misma manera que lo es de toda la religión cristiana. La complejidad radica en la unión del corazón y el amor, y en la relación que la devoción supone que existe entre los dos. Mas, ¿no es esto un fallo que ha sido superado hace mucho?. Solo queda por ver si la devoción, bajo este aspecto, está bien fundamentada.

(c) Fundamentos filosóficos y científicos
En este aspecto ha habido cierta falta de certidumbre entre los teólogos. No evidentemente por lo que respecta a la base del tema, sino más bien en lo relativo a las explicaciones. A veces han hablado tal y como si el corazón fuera el órgano del amor, si bien este punto no guarda relación con la devoción, para la que basta que el corazón sea el símbolo del amor y sobre ello no cabe duda: sí hay una vinculación real entre el corazón y las emociones. Absolutamente nadie niega el hecho de que el corazón es símbolo del amor y todos experimentamos que el corazón se transforma en una suerte de eco de nuestros sentimientos. Una investigación de esta especie de resonancia sería bien interesante, mas no le hace falta a la devoción, en tanto que es un hecho atestiguado por la experiencia diaria; un hecho del que la medicina puede dar razones y explicar las condiciones, mas que no es una parte del presente estudio, ni su objeto requiere ser conocido por nosotros.

 

El acto propio de la devoción


El objeto mismo de la devoción demanda un acto apropiado, si se cree que la devoción al amor de Jesús por nosotros ha de ser, antes de nada, una devoción al amor a Jesús. Su característica ha de ser la reciprocidad del amor; su objeto es querer a Jesús que nos ama tanto; abonar amor con amor. Más todavía, habida cuenta que el amor de Jesús se manifiesta al ánima devota como menospreciado y colérico, sobre todo en la Eucaristía, el amor propio de la devoción va a deber manifestarse como un amor de reparación. De ahí la relevancia de los actos de desagravio, como la comunión de reparación, y la compasión por Jesús sufriente. Pero ningún acto, ninguna práctica, puede agotar las riquezas de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. El amor que forma su núcleo lo abraza todo y, entre más se le comprende, más de manera firme se persuade uno de que nada puede competir con él para hacer que Jesús viva en nosotros y para llevar a quien lo vive a querer a Dios, en unión con Jesús, con su corazón, su ánima y sus fuerzas.

 

IDEAS HISTÓRICAS SOBRE EL DESARROLLO DE LA DEVOCIÓN

Desde el tiempo de San Juan y San Pablo siempre y en todo momento ha existido en la Iglesia algo semejante a una devoción al amor de Dios, quien tanto amó al planeta que le dio a su Hijo unigénito, y al amor de Jesús, quien tanto nos ama que se entregó a si mismo por nosotros. Claro que, hablando apropiadamente, eso no era equivalente a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ni le rendía culto al Corazón de Jesús como símbolo de su amor.

Desde los primeros siglos, asimismo, siguiendo el ejemplo del evangelista, ha sido costumbre pensar sobre el costado abierto de Cristo y el misterio de la sangre y agua, y se ha visto a la Iglesia como naciendo de esa herida, de igual manera como Eva nació del costado de Adán (Cfr. San Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, dos, ochenta y cinco-89; Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 3; Sacrosanctum Concilium, cinco, N.T.) No obstante, no existe perseverancia alguna de que a lo largo de los primeros diez siglos se haya rendido culto al Corazón herido.

No es sino más bien hasta los siglos XI y XII que hallamos señales inconfundibles de alguna devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Se trataba de acercarse al Corazón Herido por medio de la herida del costado, y la herida del Corazón simbolizaba la herida del Amor. Fue en el entorno de furor de los monasterios benedictinos o bien cistercienses, merced al pensamiento de Anselmo o bien Bernardo, donde la devoción nació, si bien es imposible determinar con certeza cuáles hayan sido sus primeros textos o bien quiénes sus primeros devotos.

Conforme Santa Gertrudis y Santa Matilde, y para el creador de la "Vitis mystica", la devoción ya era bien conocida en sus tiempos. No sabemos, no obstante, precisamente a quién se debe la "Vitis mystica". Hasta principios del siglo veinte se le había venido atribuyendo su autoría a San Bernardo, mas ciertas publicaciones de la bella y académicamente completa edición Quaracchi la atribuyen, y con razones de peso, a San Buenaventura ("S. Bonaventurae opera omnia", 1898,VIII, LIII). Sea como fuere, ese documento contiene uno de los más preciosos pasajes que se hayan inspirado en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y que la Iglesia emplea para las lecciones de la Ceremonia de las Horas en su celebración.

Para Santa Matilde (+1298) y Santa Gertrudis (+1302), se trata de una devoción bien conocida que había sido base de muchas hermosas oraciones y prácticas devocionales. Y merece singular atención la visión de Santa Gertrudis en la celebración de San Juan Evangelista, puesto que forma un jalón en la historia de la devoción. Habiéndosele tolerado acostar su cabeza cerca del costado herido del Salvador, pudo oír los latidos del Divino Corazón. Le preguntó a Juan si en la noche de la Última Cena asimismo había podido percibir tan exquisitas pulsaciones y, si de esta forma había sido, porqué no había hablado de ello. Juan le respondió que esa revelación había sido reservada para tiempos siguientes, cuando el planeta, habiéndose enfriado, necesitara que su amor se le recalentase ("Legatus divinae pietatis", IV, 305; "Revelationes Gertrudianae", ed. Poitiers y Paris, mil ochocientos setenta y siete).

Desde el siglo XIII y hasta el XVI, la devoción se extendió, mas sin desarrollarse interiormente. Era practicada en todas y cada una partes por ánimas elegidas, de lo que dan rebosante testimonio las vidas de los beatos y los anales de las distintas congregaciones religiosas como franciscanos, dominicos, jesuitas, cartujos, etcétera Pero, siempre y en toda circunstancia fue una devoción individual de carácter místico. No había empezado todavía ningún movimiento extendido, salvo que uno concibiese como tal la devoción a las 5 Llagas entre aquéllas que la herida del Corazón figuraba prominentemente y a cuya propagación los franciscanos habían dedicado gran esmero.

Parece que fue en el siglo XVI que la devoción avanzó y pasó del dominio místico al de la ascesis cristiana. Se transformó en una devoción objetiva, con oraciones anteriormente elaboradas y ejercicios singulares cuya práctica era muy recomendada a la par que su valor era apreciado. Esto lo sabemos merced a los escritos de esos 2 maestros de la vida espiritual, el piadoso Lanspergius (+1539), de los Cartujos de Colonia, y el devoto Lois de Blois (Blosius, mil quinientos sesenta y seis), un fraile benedictino y abad de Liessies, en Hainaut. A ellos se pueden agregar San Juan de Ávila (+ mil quinientos sesenta y nueve) y San Francisco de Sales, este último del siglo XVII.

(Desde ese momento todo pareció asistir al temprano nacimiento de la devoción. Los autores virtuosos charlan de ella, singularmente los de la Compañía de Jesús, Alvarez de Paz, Luis de la Puente, Saint-Jure y Nouet. Y no faltan tratados especializados, como la pequeña obra del Padre Druzbicki, "Meta Cordium, Cor Jesu". Entre los místicos y ánimas piadosas que practicaron la devoción podemos contar a San Francisco de Borja, San Pedro Canisio, San Luis Gonzaga y San Alfonso Rodríguez, de la Compañía de Jesús.

Del mismo modo, a la Santa Marina de Escobar (+1633) en España; a las Honorables Magdalena de San José y Margarita del Muy santo Sacramento, las dos carmelitas, en Francia; Jeanne de San Mateo Deleloe (+1660), una benedictina, en Bélgica; la inigualable Armelle de Vannes (+1671). E inclusive en entornos jansenistas o bien mundanos, Marie de Valernod (+1654) y Angélique Arnauld; M. Boudon, archidiácono de Evreux, el Padre Huby, el apóstol de los retiros, en Bretaña y, sobre todos , la Santurrona Marie de la Encarnación, quien murió en Quebec en mil seiscientos setenta y dos. La Visitación parecía estar aguardando a Santa Margarita María.

Su espiritualidad, ciertas intuiciones de la ciudad de San Francisco de Sales, las meditaciones de Mère l'Huillier (+1692), todo ello preparó el camino. La imagen del Corazón de Jesús estaba evidente en todas y cada una partes gracias, en gran forma, a la devoción franciscana a las 5 Llagas y a la costumbre jesuita de poner la imagen en la página de títulos de sus libros y en los muros de sus templos.

Pese a eso la devoción proseguía siendo algo individual o bien, a lo mucho, privado. El hacerla pública, honrarla en el Oficio Divino y establecerle una celebración estaba reservado a San Juan Eudes (mil seiscientos dos-mil seiscientos ochenta). El Padre Eudes fue, básicamente, el apóstol del Corazón de María, mas en su devoción por el Corazón Inmaculado había siempre y en todo momento una parte para el Corazón de Jesús.

Poquito a poco se fue apartando la devoción por el Sagrado Corazón de Jesús y el treinta y uno de agosto de mil seiscientos setenta se festejó con gran solemnidad la primera celebración del Sagrado Corazón de Jesús en el Gran Seminario de Rennes. El veinte de octubre le prosiguió Coutances y desde ese momento quedó unida a esa data la celebración de los eudistas. De ahí pronto cundió la celebración a otras diócesis así como la devoción fue adoptada por múltiples comunidades religiosas. Y de esta forma llegó a estar en contacto con la devoción que existía en Paray, en donde las 2 se fundieron naturalmente.

Cristo eligió a Margarita María Alacoque (mil seiscientos cuarenta y siete-mil seiscientos noventa), una humilde monja visitandina del monasterio de Paray-le-Monial, para revelarle los deseos de su Corazón y para confiarle la labor de dar nueva vida a la devoción. Nada señala que esta piadosa religiosa haya conocido la devoción ya antes de las revelaciones, o bien que, por lo menos, haya prestado alguna atención a ella.

Estas revelaciones fueron muy numerosas y son notables las próximas apariciones: la que ocurrió en la celebración de San Juan, en la que Jesús dejó a Margarita María, como anteriormente lo había hecho con Santa Gertrudis, recargar su cabeza sobre su Corazón, y después le descubrió las maravillas de su Amor, diciéndole que deseaba que fuesen conocidas por toda la humanidad y que los tesoros de su bondad fuesen difundidos. Agregó que Él la había elegido a ella para esta obra (veintisiete de diciembre, seguramente del mil seiscientos setenta y tres).

En otra, seguramente diferente de la precedente, Él solicitó ser honrado bajo la figura de su corazón de carne. En otra ocasión, apareció brillante de amor y solicitó que se practicase una devoción de amor expiatorio: la comunión usual, la comunión cada primer viernes de mes, y la observancia de la Hora Santa (seguramente en el mes de junio o bien julio de mil seiscientos setenta y cuatro). En otra, famosa como la "gran aparición", que tuvo lugar en la octava de Corpus Christi, mil seiscientos setenta y cinco, seguramente el dieciseis de junio, fue cuando Jesús dijo: "Mira el Corazón que tanto ha amado a los hombres... en lugar de gratitud, de una gran parte de ellos no recibo sino más bien ingratitud". Y le solicitó que se festejase una celebración de desagravio el viernes tras la octava de Corpus Christi, advirtiéndole que debía preguntar con el Padre de la Colombière, por entonces superior de la pequeña casa jesuita en Paray.

Por último, aquellas en las que el Rey pidió solemne homenaje y determinó que fuera la Visitación y los jesuitas quienes se ocupasen de extender la nueva devoción. Poquitos días tras la "gran aparición", en el primer mes del verano de mil seiscientos setenta y cinco, Margarita María notificó de todo al Padre de la Colombière y este último, reconociendo la acción del Espíritu de Dios, se consagró mismo al Sagrado Corazón de Jesús, dio instrucciones a la visitandina a fin de que pusiese por escrito los detalles de la aparición y usó cuanta ocasión tuvo para prudentemente circular ese relato en Francia y también Inglaterra.

A su muerte, el quince de febrero de mil seiscientos ochenta y dos, se halló en su diario de retiros espirituales una copia manuscrita suya del relato que había pedido de Margarita María, con unas breves reflexiones sobre la utilidad de la devoción. Ese diario, así como el relato y un bello "ofrecimiento" al Sagrado Corazón de Jesús en el que se explica meridianamente la devoción, fue publicado en Lyón en mil seiscientos ochenta y cuatro.

El libro fue muy leído, todavía en Paray, si bien no dejó de ocasionar una "terrible confusión" a Margarita María, quien, pese a todo, decidió aprovecharlo para extender su apreciada devoción. Se unieron al movimiento Moulins, con la Madre de Soudeilles, Dijon, con la Madre de Saumaise y la hermana Joly, Semur, con la Madre Greyfié y hasta Paray, que al comienzo se había resistido. Fuera de las Visitandinas, sacerdotes, religiosos y laicos abrazaron la causa. De manera especial un capuchino, los 2 hermanos de Margarita María y ciertos jesuitas, entre aquéllos que estaban los progenitores Croiset y Gallifet, quienes estaban destinados a desempeñar un papel esencial en pro de la devoción.

La muerte de Margarita María, el diecisiete de octubre de mil seiscientos noventa, no ahogó el entusiasmo de quienes estaban interesados en la devoción. Todo lo opuesto. La pequeña narración que hizo el Padre Croiset en mil seiscientos noventa y uno de la vida de la santa, como un apéndice de su libro "De la devotion au Sacre Coeur", solo sirvió para acrecentarlo. A pesares de todo género de obstáculos y de la lentitud de la Santa Sede, que en mil seiscientos noventa y tres concedió indulgencias a las cofradías del Sagrado Corazón de Jesús y que en mil seiscientos noventa y siete dio a la Visitandinas licencia para festejar la celebración así como la de las 5 Llagas, mas que se negó a entregar una celebración común para toda la Iglesia, con misa singular y oficio, la devoción se extendió, particularmente entre las comunidades religiosas.

Quizá la primera ocasión para efectuar una consagración solemne al Sagrado Corazón de Jesús y un acto público de culto fuera de las comunidades religiosas la dio la plaga de Marsella, en mil setecientos veinte. Otras urbes del sur prosiguieron el ejemplo de Marsella y desde ahí la devoción se popularizó. En mil setecientos veintiseis se consideró oportuno asistir nuevamente a Roma para pedir una celebración propia, mas en mil setecientos veintinueve, nuevamente, Roma se negó. Pero al fin, en mil setecientos sesenta y cinco, por último cedió y ese año, a solicitud de la Reina, la celebración fue admitida semioficialmente por el episcopado francés. De todos y cada uno de los rincones del planeta llovieron las peticiones a Roma, y a todas y cada una se dio contestación afirmativa.

Por último, merced a las presiones de los obispos de Francia, el Papa Pio IX extendió la celebración a la Iglesia Universal bajo la modalidad de rito doble mayor. En mil ochocientos ochenta y nueve la Iglesia la elevó a rito doble de primera clase. En todos lados se efectuaban actos de consagración y reparación así como la devoción. A veces, especialmente tras mil ochocientos cincuenta, conjuntos, congregaciones y hasta naciones enteras se han consagrado al Sagrado Corazón de Jesús.

En mil ochocientos setenta y cinco todo el planeta católico se consagró de esa forma. Todavía de esta manera, el Papa todavía no había decidido tomar la iniciativa o bien intervenir de forma directa. Ocasionalmente, el once de junio de mil ochocientos noventa y nueve, por orden de León XIII, y con una fórmula precripta por él, toda la humanidad fue ceremoniosamente consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.

La idea de realizar esa acción, que León XIII calificó como "el enorme evento" de su pontificado, le había sido sugerida por una religiosa del Buen Pastor, de Oporto (Portugal), quien aseveró que lo había recibido de manera directa de Cristo. Ella, quien era miembro de la familia Drost-zu-Vischering, y cuyo nombre de religión era María del Divino Corazón, murió en la celebración del Sagrado Corazón de Jesús, un par de días ya antes de la consagración, que había sido postergada hasta el próximo domingo.

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